Cuando se entra en un túnel, la primera reacción es el intento por observar al fondo un hálito de claridad que anuncie una salida, aun sabiendo que no está próxima. El sentido de la ansiedad hace creer ver luz en plena oscuridad. Con ese prólogo (?) me recibió el paisano cuando ayer llegué al café. No era día de tertulia, pero nuestro amigo me había llamado a primera hora de la mañana: «A las doce, te espero en el café. No dejes de venir». Naturalmente, acudí.
Ya sentados uno frente al otro, me sorprendió con el párrafo anterior. Le encontré triste, apagado, falto de su seguridad habitual a la hora de hablar. Dijo no tener problemas de salud, cuando le manifesté que lo encontraba cambiado. Insistí por su llamada y la justificó diciendo que él nota en el Deportivo una especie de divorcio entre el club y el equipo de fútbol: «Se ve por el comportamiento de tirantez que se respira y trascendió a la calle... Desde el equipo se reclaman refuerzos y la respuesta del club es el silencio. ¿Es qué no os dais cuenta?» Tras una larga pausa que provoqué intencionadamente, nuestro amigo volvió a hablar: «En situaciones como la actual, creo obligado ofrecer una explicación a los seguidores, inquietos por ese futuro muy oscuro...».
El hombre siguió hablando, pero lo dejé solo porque si intervenía volveríamos a meternos de nuevo en el túnel oscuro...