Inoperante en ataque revive al Zaragoza y cae a cuatro puntos del descenso
24 ene 2011 . Actualizado a las 17:38 h.«Entre dos tierras / estás», de los Héroes (locales), sonó en el calentamiento, un estribillo que definía bien la situación del Dépor antes del choque. El partido daba a elegir entre la tranquila tierra de nadie o la de fuego. Para alcanzar la primera lo ideal era ganar, pero también bastaba el empate, por el que apostó Lotina desde la alineación, con cinco defensas y un muscular trivote (Rubén, Rodríguez y Tomás) sin el creativo Domínguez. El plan A, el de contención, le funcionó de entrada. El Dépor tuvo el control en la primera mitad, pero el Zaragoza se adelantó en una acción de fortuna. Le bastó a los maños. El equipo coruñés se perdió después en un fútbol desganado, intrascendente e inofensivo y no fue capaz de crear una ocasión clara en todo el partido. Vuelve así al alambre: está a cuatro puntos del descenso y le aguarda un calendario terrible.
Aguirre jugó por primera vez de entrada con dos delanteros. Braulio y Sinama, con Boutahar por detrás. El experimento táctico fracasó. Con su 5-3-2, el Dépor mostró en la primera mitad superioridad en mediocampo sobre el 4-2-1-2 maño. El equipo coruñés tuvo el balón de entrada y, cuando lo perdió, apostó por recuperarlo arriba. El Zaragoza, un manojo de nervios, se limitaba a salir a la contra a la velocidad propia de la cola del supermercado.
Pero el Dépor, cómodo en la contención, no hallaba ruta a la portería. Llegó una vez en jugada y dos a balón parado. Poca cosa. Todo parecía bajo control pero, de repente, marcó el Zaragoza. Boutahar golpeó una falta lejana que rebotó en Adrián y despistó a Aranzubia (min 38). El equipo de Aguirre encontraba así un gol como quien va de paseo por los Cantones y se topa con un billete de 500 euros.
El segundo acto empezó con un claro mensaje de Aguirre. A los ocho minutos, retiró a un punta (Sinama) por un mediocampista de banda (Bertolo) y pasó a su clásico 4-2-3-1. Reforzó su mediocampo para apostar por la contra. Le funcionó. Maniató al Dépor, que se limitó a pasear el balón por zonas gélidas. Ni Pablo Álvarez ni Valerón, los recursos de Lotina, cambiaron el panorama de un equipo que acabó desfondado.