La designación de Messi como Balón de Oro abre interrogantes sobre el verdadero peso del fútbol español. Parecía que la conquista del Mundial sería aval suficiente para ganar el premio. Así había sido desde que en 1995 se permitió que optasen al galardón jugadores más allá de las fronteras europeas. Zidane, Ronaldo y Cannavaro lo lograron tras los títulos de Francia (1998), Brasil (2002) e Italia (2006). El 2010 fue la excepción.
Los principales periódicos deportivos no saben explicar cómo los campeones del mundo se fueron de vacío de la gala. El más contundente y explícito fue La Gazzetta dello Sport , que en su portada critica la elección del delantero azulgrana. «¿Messi? ¡Nooo! Ni Iniesta ni Xavi. Balón de Oro en el año más decepcionante». El rotativo italiano había adelantado el nombre de los finalistas, pero falló al anunciar al de Fuentealbilla como triunfador. Además, insistió en que la entrada de la FIFA, con 350 votos de seleccionadores y capitanes, ha desvirtuado un premio que valoraba el rendimiento en una temporada y no la calidad individual del jugador.
Decisión equivocada
«¡Qué sorpresa!: Messi Balón de Oro», puede leerse en la portada del Corriere dello Sport . El periódico italiano reconoce lo inesperado de la decisión. «Todo el mundo estaba esperando en la víspera un duelo entre los dos centrocampistas azulgranas, los protagonistas del paseo triunfal en el Mundial de España».
Por su parte, el diario L'Equipe se pregunta en su portada «¿Messi?, pues sí». El rotativo francés no tiene dudas al señalar a Iniesta y Xavi como perdedores de la gala. Evidentemente, las cosas se ven de otra manera desde el otro lado del charco.
El argentino Olé , con una gran foto de Messi, titula: «El secreto de sus oros. Messi no ganó el Mundial, pero superó a Xavi e Iniesta y se adueñó del Balón de Oro por segundo año consecutivo». A su juicio la actuación de Messi el año pasado es «casi impecable», con la única «mancha» de no marcar en Sudáfrica. Sin embargo, no repararon en alabar la figura de los jugadores españoles, «dos monstruos, dos cracs indiscutibles, dos generadores de fútbol incansables, de altísima calidad».