Kendall prendió la mecha de la remontada ante el Girona con un tapón estratosférico mediado el tercer cuarto
10 ene 2011 . Actualizado a las 10:57 h.El Obradoiro Blusens Monbus reaccionó a tiempo para sacar adelante un partido mucho más complicado de lo que pudiera parecer a tenor del resultado final. Porque en la primera parte vivió en medio de una espesa niebla y eso, después de la derrota ante Burgos, hizo que asomasen los fantasmas de la inquietud.
Quizás la afición esté malacostumbrada por una primera vuelta casi intachable. No hay hábito con el sufrimiento y de vez en cuando conviene recordar que nunca en la historia de la LEB ha habido un equipo que se pasease de principio a fin.
El gran mérito del colectivo de Moncho Fernández residió en apretar los dientes sin perder los nervios cuando peor pintaban las cosas. Sobre todo en el primer cuarto, ya que en los diez minutos iniciales el guión parecía escrito por el enemigo.
El Girona tiene en sus filas a un clásico de la LEB Oro como Levi Rost, un jugador intermitente que, cuando sintoniza con el duende de la inspiración, es capaz de zarandear a cualquier rival. El americano entró en el partido pletórico, con dos canastas dobles sin fallo y tres triples de cuatro intentos en diez minutos. Nadie era capaz de frenarlo.
Enfrente, al Obradoiro no le salía nada. Mal sobrevivió gracias a un par de rebotes ofensivos de Hopkins y un triple de Corbacho sobre la bocina que dejó la desventaja en nueve puntos para afrontar el segundo cuarto.
Lo peor era la sensación de espesura, porque ni había juego interior ni tenían el día los tiradores. Incluso se salieron del aro dos lanzamientos de Bulfoni y Oriol cuando parecían estar dentro de la red. Con el Girona sucedió al revés. Los tiros dudosos caían dentro.
El segundo cuarto fue el del equilibrio. Levi Rost bajó su producción y tuvo minutos de descanso. Pero el Girona siguió atacando el aro con cierta fluidez, especialmente Pino.
Al Obradoiro le sentaron bien las rotaciones. Corbacho, que ya había saltado en el primer cuarto, anotó un par de triples. Y Kendall empezó a dar señales de que tenía el día.
El canadiense fue ayer el Pau Gasol del Obradoiro. Reboteó mejor que nadie, se fajó atrás, anotó y distribuyó juego por momentos desde el poste alto como si fuera un base.
Al descanso llegó el conjunto local ocho puntos abajo porque no fue capaz de sacarse la torrija de encima. Alternaba acciones defensivas meritorias con errores incomprensibles, como sendos regalos en saques de banda.
Los mejores minutos
El partido tuvo su punto de inflexión tras los compases iniciales del tercer cuarto, cuando el marcador reflejaba un 34-43. En ese momento apareció Kendall desde el cielo para poner un tapón que dio paso a un triple de Bulfoni. Una buena defensa precedió a otro triple, ahora de Corbacho. Agotó la posesión el Girona y Andrés Rodríguez dejó la diferencia en solo un punto.
El equipo y la afición olían la victoria, y no la dejaron escapar. En cuanto se soltaron las muñecas y, sobre todo, cuando pudo correr, el Obradoiro abrió brecha, amparado en su habitual solidez defensiva.
Todavía hubo un momento de duda, en el ecuador del último acto. En un visto y no visto se pasó de un 66-50 a un 66-58, con un par de triples de Ordín y una canasta doble de Kedzo. Pero Kendall, otra vez el canadiense, anotó en el límite de la posesión y apuntilló el triunfo.