Este comentario está influenciado por opiniones ajenas a mi voluntad. Escapando de un análisis sobre las causas por las cuales el Deportivo inició antes de ahora (bastante antes pues va a cumplir un año sin ganar lejos de Riazor), y eludiendo el problema actual, pensaba hablar de la pugna entre el Barcelona y el Madrid, porque era un tema que me resultaba más cómodo en lugar de volver hoy sobre el partido de Riazor, con esa dura derrota (0-2) del Deportivo, que sembró preocupante temor en el ambiente coruñés, tal como pude comprobar en la mañana de ayer nada más salir de casa. El taxista, tras el saludo de rigor, fue el primero en decir eso de «¿usted cómo lo ve?». La respuesta que me pareció normal fue decirle que «lo veo igual que usted». El taxista, lejos de quedar conforme, dijo sentirse molesto si no le respondía a la pregunta de cómo lo veía yo.
Responderle no me apetecía y, aprovechando que llegaba el final de la carrera, le pagué, pero el hombre siguió insistiendo y le dije que había que esperar a nuevos partidos: «Después del próximo, que será en el Bernabéu, el equipo debe reaccionar. Hay que esperar, amigo. No desespere, porque es pronto...». Y entré en un banco de Cuatro Caminos, en donde, antes de llegar al mostrador, se repitió la escena del taxista.
Entiendo el temor del deportivismo. El miedo es libre, pero no tanto, ni tan pronto...