El encuentro de esta tarde será muy especial para Thiago Alcántara. En primer lugar, jugará en un estadio donde su padre Mazinho deleitó con su juego a los aficionados célticos en multitud de ocasiones. Por otra parte, el mediocentro brasileño regresa a la ciudad en la que comenzó a deslumbrar como futbolista, aunque su club era de Nigrán, concretamente el Ureca.
Durante las dos temporadas en las que Thiago militó en el conjunto nigranés estuvo a los órdenes de Javier Lago, un técnico de la casa. El entrenador solo tiene buenas palabras para el brasileño, sobre todo como persona. «Siempre respetaba las decisiones del míster y creo que eso demuestra que fue muy bien educado por su padre», opina Lago.
En aquel equipo infantil de Ureca, el hijo de Mazinho coincidió con otra de las grandes promesas del fútbol español, el delantero Rodrigo, que actualmente milita en el Benfica portugués. Ambos fueron los líderes de un equipo que consiguió ganar la Liga Gallega por delante del Celta, lo que puso un éxito sin precedente para el club de Nigrán.
Respecto a su forma de jugar, el entrenador Javier Lago le ve un futuro prometedor aunque para ello debe pulir algún defecto. «Tiene carácter de líder lo que le hace crecer por encima del resto. Su principal problema es que en ocasiones es muy individualista. También tiene que hacer más trabajo de equipo, colaborando en tareas defensivas», señala. Esa tendencia a ser un chupón hizo que en una ocasión en Monforte, Javier Lago le llamará al banquillo para decirle que si no trabajaba para el equipo lo ponía de delantero. Esto no gustó nada a Thiago, quien en la segunda parte realizó un partido fantástico, según el preparador del Ureca.
El fichaje del mediocentro brasileño por el Barcelona se cerró en la Arosa Cup. Así lo recuerda Javier Lago. «En Vilagarcía demostró que tenía calidad para dar y tomar y por ello le dieron el premio al mejor jugador del torneo. Fue así como surgió el interés del Barcelona».