La clase media empobrece

M.?G. Reigosa

DEPORTES

28 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada año que pasa se acentúan más las diferencias. El Barça y el Real Madrid, por presupuesto y plantilla, concursan aparte, no paran de crecer y gastar. Contrasta esa inercia con la del resto del pelotón, porque los perseguidores no dejan de adelgazar. Quizás con la excepción del Atlético de Madrid que, como siempre, pinta bien en el arranque y con el paso del tiempo se convierte en una caja de sorpresas. En cualquier caso, un equipo que tiene en punta al Kun Agüero y a Forlán es un equipo con artillería para cualquier batalla.

El Barça arranca, sin duda, con el cartel de favorito. El plantel azulgrana no pierde el hambre, mantiene la columna vertebral intacta y, esta vez, con David Villa todo apunta a que por fin Pep Guardiola encontrará ese nueve que le dará goles sin quebraderos de cabeza. Desde que empezó a brillar en el Sporting, el asturiano ha dejado su sello en todos sus destinos. Ahora, rodeado de pasadores clarividentes, puede batir sus mejores registros.

El Real Madrid de Mourinho compartirá parte de la plantilla con respecto al de Pellegrini pero, a la hora de desplegarse sobre el césped el parecido será como el del huevo y la castaña. Los merengues ya saben que toca aplicarse en defensa, apretar más arriba y, con el balón en los pies, trenzar los ataques con velocidad y verticalidad. De momento, por lo visto en la pretemporada, el equipo blanco sufre sin la pelota y no acaba de encontrar fluidez cuando la tiene en su poder. Eso sí, ya compite.

A partir ahí, la lucha promete ser feroz en todos los frentes: los puestos de Champions, los de la anteriormente llamada UEFA, los de la tranquilidad en zona de nadie y los que condenan al averno de la Segunda División. Los errores se van a pagar más caros que nunca.

La Liga que está a punto de arrancar será también una de las más austeras de los últimos años. Y quizás una de las más limpias. Al menos cabe esperar que las reformas legales que verán la luz en poco tiempo sirvan para bajar los decibelios al runrún de las primas a terceros. Hasta ahora ha colado con aquello de que «haberlas haylas», pero nadie las ha visto. Y cabría decir al respecto que no hay peor ciego que el que no quiere ver.