Docobo se impone a Laíño por siete votos en los comicios del Obradoiro

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

Los dos candidatos evidenciaron su distanciamiento y ni siquiera hubo el esperado abrazo tras el recuento

27 may 2010 . Actualizado a las 11:41 h.

De los 173 socios del Obradoiro no podían votar ni los menores de edad ni aquellos que no hubiesen pagado el último recibo. Finalmente, entre sufragio presencial y delegado, se contabilizaron 113 papeletas: una en blanco, una nula, 59 a favor de la candidatura de Ricardo Docobo y 52 por la de Javier Laíño. El porcentaje de participación fue realmente alto.

Las elecciones comenzaron a las 20.30, tal y como estaba previsto. Noventa minutos más tarde se cerró la puerta de acceso a la sala en la que estaba instalada la urna, para poder añadir el voto delegado, que al final resultó determinante. Tras 53 farragosos minutos para verificar que todas las papeletas estaban en orden, y tras un pequeño descanso, comenzó el recuento.

Felicitación fraternal

La igualdad fue la tónica dominante en la primera mitad del escrutinio. De hecho, el marcador parcial era de 29 votos para Laíño por 30 para Docobo. A partir de ahí abrió una pequeña brecha la candidatura que finalmente resultó ganadora. Cuando Ricardo recibió el voto quincuagésimo sexto, su hermano José Ángel se levantó de inmediato para ser el primero en darle la enhorabuena. Sin apenas solución de continuidad recibió la felicitación de Pepe Casal, que formaba parte de la candidatura oponente, y también la de José Ramón García, presidente de Blu:sens, que había manifestado su preferencia por Laíño.

Por contra, no hubo abrazo entre los dos aspirantes a la presidencia. La frialdad y el distanciamiento quedó patente en la breve campaña y también durante el tiempo que duraron las elecciones. En esos noventa minutos, apenas se cruzaron las miradas. Ricardo Docobo estuvo la mayor parte del tiempo en el amplio pasillo de acceso al hotel Araguaney, en la entrada por Montero Río. A unos diez metros, en la antesala de la dependencia en la que se celebraron las votaciones y con una barrera de cristal en medio, se situó Laíño. Uno y otro estuvieron siempre arropados por colaboradores y amigos.

Los fotógrafos se las vieron y se las desearon para captar alguna instantánea en la que apareciesen los dos protagonistas. Al final, el ganador, nada más conocerse los resultados, tendió un puente hacia el otro candidato, pero después de precisar que todavía no había recibido la felicitación y que no sabía si ese encuentro podría ser cosa de minutos, de horas o de días.

Laíño reconoció que la distancia que los separaba de Ricardo Docobo era más que notable, especialmente en el capítulo del talante. Ello no le impedirá «colaborar con el Obradoiro» en determinadas cuestiones, como la conversión en sociedad anónima.

Proyecto «realista»

Sea como fuere, Ricardo Docobo se confesó muy «emocionado» y recordó que cuando era niño veía al presidente del Obradoiro «como un Dios».

Ahora es el él que asume esa responsabilidad y promete ponerse a trabajar de inmediato para poner en marcha un proyecto que calificó como «realista». Evitó precisar datos sobre los empresarios que apoyarán su gestión.

Javier Laíño admitió sentirse «decepcionado». Y, si bien encuadró la victoria de su adversario en el marco de la legalidad, no tuvo inconveniente en cuestionar determinados apartados de un proceso electoral que consideró dirigido por el presidente saliente, José Ángel Docobo.

Precisó que hasta ayer, bien avanzada la jornada, su candidatura no había podido disponer del censo electoral, y que esa tesitura había supuesto un notable obstáculo para conseguir votos delegados.