Jugar en casa o acudir fuera

DEPORTES

10 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El triunfo del Deportivo sobre el Mallorca (1-0) sirve para confirmar aquello de que jugar en casa es un valor añadido para que el propietario del campo consiga salir vencedor. Jugar ante los propios seguidores es un compromiso que pone en funcionamiento, en el ánimo del futbolista, el mecanismo (?) que aumenta su autoestima y le ayuda para una mayor entrega durante el juego. Decía Helenio Herrera (publicado en La Voz de aquella época) que «los equipos españoles, cuando juegan fuera, bajan un 30% su rendimiento normal con relación al que ofrecen en su campo».

En el caso del Dépor, el problema se acrecentó al 40% dado lo prolongado del tiempo que llevaba sin ganar. Ganar es esa palabra mágica del fútbol que, también de manera automática, hace que el seguidor recupere la sonrisa y salga del campo sintiendo ese optimismo que permite esperar más confiado los próximos compromisos. Claro que aquí tampoco se da el caso, pues la Liga terminará con ese trámite en San Mamés. Como dato que confirma la diferencia de jugar en casa o fuera, decir que el Mallorca, casi invencible en su propio campo, jugando fuera aparece como un equipo vulgar. A lo largo del campeonato solo ganó tres partidos fuera de casa: en Bilbao, Pamplona y Valladolid.