Mourinho alienta la rabia culé

P. Ríos

DEPORTES

El técnico busca concentrar en su persona la ira de la afición del Barça, liberando de ella a los jugadores del Inter

27 abr 2010 . Actualizado a las 16:00 h.

Jose Mourinho ya está preparado para saltar el primero al césped del Camp Nou para atraer hacia su persona toda la furia de los aficionados del Barça. Posará de la forma más soberbia posible con la intención de desgastar al seguidor azulgrana. «¡Traductor, traductor!», le gritará la grada con el tono más despectivo posible para tan noble profesión. «¡Vete al teatro, Mourinho, vete al teatro!», le cantarán en recuerdo a sus quejas por un supuesto piscinazo de Messi en un Chelsea-Barça del 2006. Y, sobre todo, le dedicarán una rima que también ha valido en los últimos años para Figo y Cristiano Ronaldo por su condición de portugueses. Y cuando las gargantas culés ya acusen el esfuerzo, el técnico luso ordenará la entrada de sus jugadores para comenzar el calentamiento.

Si le sale bien, una vez más, habrá conseguido focalizar todo el odio, liberando a su equipo de un poco de presión ambiental. Así es Mourinho. Un ganador, muy antipático para cualquier rival, pero listo como nadie para aprovechar la animadversión que siente el barcelonismo hacia su persona de la forma más positiva para el Inter. La historia de Mourinho con el Barça nace en 1996, cuando el de Setúbal aterriza con solo 33 años en el club azulgrana como mano derecha del recientemente fallecido sir Bobby Robson. Aunque colaboraba en cuestiones tácticas y técnicas con el inglés, se le recuerda por ser su traductor en las ruedas de prensa.

Nadie valoró en esa etapa azulgrana que aquel portugués elegante y atractivo (más en su contra) sí sabía de fútbol gracias a un aprendizaje humilde haciendo informes en campos muy modestos de los rivales del Río Ave, el equipo que entrenaba su padre. Los jugadores sí adivinaron que tenía futuro, sobre todo porque sus informes de los rivales eran excelentes.

Aprendizaje silencioso

Se fue Mourinho en el 2000 tras cuatro años de aprendizaje silencioso y, seguramente por lo que ha venido después, de rabia acumulada. Así se entienden sus explosiones de ira hacia el Barça cuando, ya en el Chelsea, se enfrentó al club azulgrana por primera vez en los octavos de final de la Champions 2004-05. «El Barça es un gran club, pero solo ha ganado una Copa de Europa en cien años. Yo solo llevo algunos años entrenando y ya la he conseguido».

El destino quiso que volvieran a cruzarse en octavos de la 2005-06, esta vez mordiendo el polvo ante Rijkaard y acusando a Messi de hacer teatro en Stamford Bridge cuando se limitó a esquivar una salvaje entrada de Del Horno.

Ahora, con el pase a la final en juego, Mourinho ha sacado el monstruo futbolístico que lleva dentro. Se rió del Barça por quejarse de la actuación del árbitro portugués de la ida, su amigo Olegario Benquerença, pese a que criticar a los colegiados ha sido su práctica habitual. Y reveló su pique con Xavi en el túnel de vestuarios para demostrar al mundo su rapidez de reflejos verbales: «Xavi me preguntó por el colegiado y le dije si se refería al del Chelsea-Barça en Stamford Bridge de la pasada temporada», dijo. Xavi le tiene ganas, la afición lo odia... Eso es justo lo que Mourinho quiere.