Rubén Pardo y Rubén Rivera fueron los autores de los tantos coruñeses.
26 abr 2010 . Actualizado a las 11:58 h.El Montañeros empleó todas sus armas habituales (más el contragolpe) para subirse a las barbas de un Alavés que opta al ascenso a Segunda División y arrancar un empate (mereció más) en su visita a Mendizorroza. Al final, empate a dos goles. Los puntos se repartieron por una simple cuestión de efectividad. De paso, echó una mano al Pontevedra, que venció en Estella al Izarra (1-2) y a su vez dio un poco de oxígeno al Racing de Ferrol en la zona baja de la clasificación.
Arrancaron con fuerza ambos equipos. El Montañeros, asiendo la pelota y manejando el tiempo del partido, llegando con claridad gracias a Herbert, Rubén Pardo y Rubén Rivera. El Alavés, con latigazos esporádicos a la portería de Diego. En uno de ellos, Geni consiguió el gol que adelantaba al Alavés para el tiempo de descanso.
Conscientes de la injusticia del marcador, los futbolistas de José Ramón salieron en la segunda mitad bajo las mismas premisas, aunque sintió los efectos del golpe de Geni. Apretó de la mano de Rubén Pardo y Juan Díaz, pero volvió a marcar Geni, que remató dos veces en su jugada de gol.
Cuando parecía que el Alavés ya tenía dominado al Montañeros, los coruñeses sacaron su lado más irreductible y, al minuto (corría el sesenta y tres), Rubén Pardo obtuvo premio a su hiperactividad y no solo recortó distancias, sino que inyectó al equipo una dosis de confianza que, al final, sirvió para lograr un empate en el debut del equipo en un escenario histórico.
Se echó arriba el Montañeros y agobió al Alavés de tal manera que la conexión de los dos Rubén (Pardo y Rivera) dio sus frutos: un balón al larguero del primero y un gol tras el saque de un córner del segundo.
Con el empate a dos, el partido se convirtió en una lucha sin cuartel. Los vitorianos tomaron las riendas, los coruñeses se entregaron al contragolpe. Terminaron apretando los locales, pero el Montañeros madura a pasos agigantados.
Cebolletas comestibles
En el capítulo de incidencias, el árbitro Vallejo Aznar recogió en el acta que en el minuto 85 solicitó al delegado de campo «que se pidiese por megafonía que desde el fondo de detrás de la portería donde se encontraba el portero visitante se cesase el lanzamiento de objetos al terreno de juego. Dichos objetos eran cebolletas comestibles».