Del fútbol primoroso al sufrimiento

X.R. Castro

VIGO

López Garai adelantó a los vigueses, que tuvieron opciones para sentenciar antes del empate de Pereira

19 abr 2010 . Actualizado a las 14:01 h.

Del fútbol primoroso, al regalo y después al miedo. En esta trilogía se escribió el partido más grande de la temporada. El Celta golpeó primero con una media hora de fútbol espectácular en donde se adelantó en el marcador y falló un par de ocasion clamorosas, pero cometió un error monumental antes del descanso que permitió a Jonathan Pereira equilibrar la contienda. Y aunque le puso ganas, los vigueses ya no se levantaron del golpe, aunque tuvieron agallas con la gasolina justa para agarrarse a un punto de mucho valor en la carrera de fondo hacia la tranquilidad.

Eusebio pedía un Celta rabioso y se encontró con la versión más exquisita. El pucelano apostó por el toque, y los suyos interpretaron la mejor de las melodías pese a las limitaciones. Si el Betis viajó en chárter a Vigo, los celestes volaban con el balón entre sus pies. Botelho, escoltado por Lago, se cansaba de penetrar por la izquierda, la anarquía de Aspas provocaba un desajuste defensivo en el rival permanente y Trashorras se sentía bien en un partido grande. A donde ellos no llegaba, lo hacían Bustos y Garai, que se encargaban de barrerlo todo en el centro del campo. Y fue el vizcaíno quien se encargó de traducir el fútbol en gol. Fue el primero vestido de celeste, al saque de un córner y sin ninguna oposición.

Pero el primero debió estar acompañado de alguno más. Los vigueses sacaron todo el orgullo que se habían tragado ante los últimos de la fila y tuvieron la sentencia del partido en sus botas. Pero Cellerino, al que anularon un gol por fuera de juego, fue tan egoísta que no dejó rematar a Trashorras solo ante el portero y Aspas es tan descarado que buscó un caño a Goitia después de haberse fabricado un espacio con pinta de gol. Incluso pudo haber un penalti sobre el moañés que el sibilino Ontanaya no quiso ver.

Parecía que la primavera al fin florecía con fuerza en el vergel de Balaídos, pero antes del descanso todo el castillo de ilusiones volvió a desvanecerse por la enésima licencia defensiva. Emaná recibió rodeado de celestes fuera del área, nadie le quitó el balón y Jonathan Pereira entró como periquito por su casa para aprovechar el pase atrás y batir a Yoel. Doble palo. El empate en el peor momento y el Rata alimentando su propia polémica anticeltista.

El gol de Pereira provocó que esos dos mundos antagónicos del que hablaba el de O Calvario -en este caso al revés- se igualaran. El Celta, que había estado soberbio, se fue el descanso con la cabeza agachada. El Betis, que había tirado un tiro entre los tres palos, se fue empalmado (Aspas, dixit). El mazazo cambió el orden del partido.

El fútbol dio paso al rigor táctico en el segundo tiempo, con el Betis con más querencia por el balón y con los vigueses, más descosidos, sufriendo por momentos. El motivo, que Capi había entrado en escena para mover el ataque, que Emaná recibió con mayor asiduidad y que Pereira intentaba jugar con las limitaciones de velocidad de la zaga local. El vigués del Betis y Emaná tuvieron el gol en sus botas, pero el primero no llegó y el segundo acertó.

Superado el trance, y aún con jugadores cargados de problemas físicos, el Celta supo llevar de nuevo el partido a su terreno. Eusebio no quería un duelo de ida y vuelta, y a duras penas los vigueses consiguieron evitarlo. Incluso fueron capaces de vivir un final tranquilo. Eso sí, sin ninguna ocasión que llevarse a la boca, salvo un disparo al limbo de Cellerino.

El empate sirve para mantener un colchón de tres puntos, pero con el vértigo muy cerca.