Imprevistos como el de ayer pueden estar a la orden del día en una Liga en la que las distancias geográficas, aun no siendo muy grandes, sí que impiden que, por factores externos (climatológicos), un partido pueda disputarse. Hace cuatro años, en una situación similar, nos vimos envueltos en un accidentado viaje con el Melilla a Gandía. En aquella ocasión, llegamos con tan solo veinte de margen antes del inicio del calentamiento.
Sin duda, todos estos contratiempos corren a favor del equipo local, que vela armas esperando la aparición de un UB La Palma que ayer tenía estimada su llegada entorno a las tres de la madrugada y que no dispondrá de todo el tiempo necesario para poder descansar y disputar un partido en igualdad de condiciones. Como en otras ocasiones, las fechas aprietan y, dentro de lo problemático de la situación, el mal es, si cabe, el menor de todos. Sólo cabe esperar que los nuestros no piensen en nada de esto y sí en salir fuertes, duros e intensos para que la victoria no se escape del Pazo Universitario.
A nivel deportivo, veremos si la propuesta de Rafa Sanz por un baloncesto eléctrico y vivo se impone en una pista donde cada día es más difícil ganar.