Un día salió el sol y se acabó el invierno que parecía no tener fin. Para el Celta ya se puede decir que es primavera después de tres victorias consecutivas e instalarse en una situación muy cómoda a solo doce jornadas del final.
Eusebio ha alcanzado la madurez y el equipo también. Con viento a favor se le ven más virtudes que defectos a este equipo. Al menos sabe esconder más fácilmente sus defectos y resaltar más sus virtudes.
Probablemente el Celta ya no juegue a nada en la recta final del campeonato, pero tiene la responsabilidad de seguir ilusionando al celtismo, al que cualquier pequeña llama le sirve para disfrutar.
Siendo realistas pensar en cotas mayores es una utopía. Habría que ganar diez partidos de doce. Pero el fútbol no es para realistas, es para soñadores. Demos vía libre a la imaginación.