La siguiente frase: «El fútbol ha sido muy injusto con nosotros», enunciada por Quique Setién varias veces en las últimas jornadas, habla de la impotencia que siente un equipo que hace todo lo posible por ganar, pero le falla la esencia del balompié: el gol. Con esa condena, a imagen de una cadena crecida hasta alcanzar el décimo eslabón, el Lugo ha de convivir en las ocho jornadas que restan para que se acabe la Liga. «No acertamos y a los jugadores les afecta; se acumula el pesimismo», admite el entrenador rojiblanco.
A pesar de lo negativo de los datos, Setién hace un ejercicio de psicología positiva: «Mientras nos mantengamos con posibilidades, pelearemos con la cabeza alta, con dignidad». Pero admite la realidad de una situación cada vez más complicada. «Estamos alejados. Siete puntos no son decisivos, pero son muchos. Si lo valoramos desde el punto de vista de que llevamos cuatro de los últimos treinta, no son tantos», explica.
Setién reconoce que no encuentra explicaciones a lo que le sucede al Lugo. Es más, retrocede hasta su época como jugador y no es capaz de hallar paralelismos con rachas negativas por las que pasara entonces. «Hemos descendido, vivido malos momentos, pero pasar tantos partidos sin ganar y jugando como lo hacemos nosotros, nunca. Siempre había sido por hacerlo mal -relata-. Esto no tiene mucha explicación, salvo que no somos capaces de culminar, y a los contrarios no les pasa».
Cambiar la dinámica
La única receta que se encuentra para enderezar el rumbo es una victoria. «Llegamos y no la metemos, las ganas de marcar crean ansiedad. Yo intento restarles presión. Lo fundamental es cambiar esta dinámica», asevera.
Se ha especulado también con un supuesto bajón físico de la plantilla, argumentado sobre la cantidad de minutos que acumulan jugadores importantes en el despliegue del juego, caso de los mediocentros o los extremos. Pero Setién ve al equipo «fuerte» en esa parcela.
Juego similar
Lo que más desasosiego le produce al entrenador rojiblanco es comprobar que el nivel futbolístico del equipo no ha variado en estas diez últimas jornadas, salvo en detalles puntuales. Y recuerda el partido que pudo cambiarlo todo, ante la Ponferradina, cuando discutían la supremacía de los bercianos: «Aquel día hicimos un partido extraordinario, pero no pudimos sacarlo adelante. Los aficionados que fueron hasta allí pudieron presenciar un partido muy bueno, y nos despidieron con un ovación. Como ese partido hemos jugado muchos desde entonces. Salvo ante el Lemona y el Mirandés, que no estuvimos a nuestro nivel, muchos pudimos ganarlos por juego y ocasiones».