Había cierta curiosidad por comprobar la reacción del público tras la destitución de Juane, y la afición tiró por la calle de en medio: lo que le preocupa son las derrotas
01 mar 2010 . Actualizado a las 17:34 h.No hubo plebiscito ni guerra civil en el Multiusos Fontes do Sar después de la ciclogénesis explosiva de hace diez días en los despachos, cuando la directiva decidió destituir al director general, Miguel Juane, quien ayer se perdió el primer partido de la temporada. Pero sí hubo división de opiniones en las pancartas.
Una hora antes de que comenzase el partido, en la tribuna superior situada sobre el palco se podían ver dos grandes carteles. Uno de ellos, el que se aprecia en la foto. El otro, en inglés, decía «In Albert White we trust» (en Alberto Blanco confiamos). Al poco rato, los dos habían desaparecido. Y, en el descanso, volvieron a colocar el de «-despidos +Obradoiro».
Justo enfrente se desplegaban más pancartas, de menos tamaño y menos elaboradas. «Agora, + que nunca, todos somos un»; «O-B-R-A... Todos juntos Obrá» (uno de los gritos de guerra de la afición); «Todos xuntos ¡¡¡Obrá!!!
Sin cheerleaders
El cambio de timón se apreció más en los tiempos muertos, en el descanso y en los paréntesis que hay entre cada cuarto. Al menos ayer, las cheer leaders que venían amenizando la temporada desde la primera jornada desaparecieron de la escena y, en su lugar, el protagonismo fue para los críos de las categorías inferiores, que mostraron sus habilidades con el balón.
Más que las sacudidas que pueda haber en el puente de mando de la nave obradoirista, a la afición lo que le preocupa son las siete derrotas consecutivas que ha encadenado el equipo desde que el pasado 3 de enero dejase a todo el mundo con la boca abierta en un extraordinario partido frente al Joventut.
El público volvió a animar como suele hacerlo, se volcó con el colectivo y tiró de él en los momentos más delicados. Pero en la grada ya asoman comentarios de desaprobación ante alguno de los cambios decididos por el cuadro técnico y en puntuales intervenciones poco afortunadas de algunos jugadores. En este capítulo el que más desasosiego generó fue Reyshawn Terry. Sobre todo cuando se jugó un triple desde ocho metros con la mitad del tiempo de posesión todavía por delante.
Los días de vino y rosas de la primera vuelta han dado paso a una pesadilla en la segunda, pero queda tiempo para despertar. Por lo visto hasta la fecha, por la afición no va a quedar. Otra cosa son los arbitrajes. El de ayer volvió a ser sibilino.