Premio al fútbol miserable del Sevilla

DEPORTES

11 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Baño y medio para nada. Al Sevilla le bastaron 45 minutos resultones en el Sánchez Pizjuán para plantarse en la final de la Copa del Rey. Como ya hicieran en la anterior eliminatoria ante el Barça, los de Jiménez se dedicaron exclusivamente a mantener la renta de la ida sin proponer absolutamente nada. El Getafe hizo el resto: controlar el partido, chutar 20 veces a puerta y fallarlas todas menos una. Insuficiente bagaje para remontar el resultado adverso que los de Michel traían de su visita a Andalucía, donde también dominaron estérilmente durante toda la primera parte.

Soldado hizo su golito (un golazo) después de haber fallado varias oportunidades clarísimas, para desesperación del técnico local y lucimiento de Palop, rejuvenecido por la Copa. El juego por las bandas y el toque rápido en el mediocampo de los azulones apenas encontró respuesta en el rival, en el que Jiménez ha vivido de justificar con las bajas la falta de fútbol de una plantilla espectacular. Entre excusa y excusa tiene a los suyos en la final del torneo del k.o. y viento en popa en la Champions.

Ayer puso la creación en botas de Romaric y Zokora. Hormigón africano con el que el Sevilla no fabricó una sola jugada mínimamente decente. Con Navas difuminado, para lo fino quedó Perotti, víctima de las patadas de los locales cada vez que retrasó su posición para crear. Los visitantes no fueron tan selectivos al patear y repartieron casi por igual a Manu, Parejo, Soldado y Pedro León. Este último dio más oportunidades porque fue el que llevó, desde la banda derecha, el peso de su equipo.

En quince minutos, el Getafe ya había tirado seis veces contra la portería de Palop, que había evitado dos goles ante Parejo y Soldado, quien, en pleno acoso, mandó la bola al larguero cuando nadie protegía la portería. El ariete volvió a fallar todo tipo de ocasiones fáciles y aprovechó la más difícil de las que dispuso, rematando perfecto, en plancha un centro de Mané.

El tanto, en el minuto 52, acentuó todavía más el acoso de los de Michel, que se la jugó metiendo a Albín y Miku. Un despliegue ofensivo que aprovechó el Sevilla para dar, a la contra, sus primeras señales de vida. Navas falló la ocasión más clara tras la enésima cabalgada de Perotti, lo único rescatable del equipo de un Jiménez al que los resultados redimen, por ahora, del fútbol miserable que abandera.