El milagro permanente de Miguel Ángel Lotina

Rubén Ventureira

DEPORTES

Los blanquiazules se sobrepusieron a una primera mitad trabada y acabaron extenuados por el esfuerzo

11 ene 2010 . Actualizado a las 10:41 h.

El milagro permanente. Así bautizó France Football en su día al Súper Dépor. El calificativo le viene también al pelo al Dépor de Lotina. El asombroso éxito del conjunto coruñés es también el triunfo de un equipo normal en la Liga del glamur. Su juego no es maravilloso, pero es efectivo. No tiene un técnico mediático y ningún jugador se las da de divo. La plantilla la integra gente sencilla, trabajadora y complementaria, tanto que ni las muchas bajas parecen repercutir. Nadie mejor para ilustrar ese triunfo del modesto currante que una victoria firmada por un tipo de nombre común y apellido todavía más corriente, Juan Rodríguez. Su tanto clareó un partido que estaba resultando turbio.

Y es que la primera parte fue de largo bostezo. Ver una película lituana de los años 30 en VOS habría sido un plan mucho más interesante (y también más calentito) para pasar la tarde que ese primer tiempo del Dépor-Osasuna. Los pamplonicas levantaron una barricada en defensa y en ataque optaron por la catapulta, por lanzar bombas desde su área hasta el territorio de Aranzubia. No causaron al rival ni daños colaterales.

Solo una banda

Al Dépor no le quedó otra que tomar la iniciativa. Lo hizo con mucha calma, sin velocidad. Es cierto que siempre la quiso sacar jugada, y que renegó del patadón, pero su juego fue tremendamente previsible. En vez de desmarcarse, los jugadores se hacinaban. Por la derecha no había profundidad, pues Juan Rodríguez renegaba de esa banda para incrustarse en el centro, donde había atasco, y Manuel Pablo apenas pisaba área. Así que el Dépor atacaba siempre por el flanco izquierdo, con Filipe, Guardado y Adrián, que se pasaba mas tiempo en esa acera que en el área, que es donde se esperaba al único delantero del equipo. Para el remate quedaban Juan Rodríguez y Pablo Álvarez, a los que los defensas de Osasuna ganaban la mayoría de las batallas aéreas.

La ocasión más clara de los blanquiazules en ese acto inicial llegó en una contra: una pérdida de Osasuna en un saque de banda se tornó en una cabalgada de Guardado, que abrió para Adrián, quien le devolvió un balón que el mexicano tiró fuera.?También de un error ajeno llego la única aproximación inquietante del Osasuna: un pase fallido de Sergio concluyó con un tiro cruzado de Aranda.?

Dos acciones clave

Aranda protagonizó también el arranque del segundo acto. Se plantó solo ante Aranzubia y con el riojano ya vencido perdió el equilibrio como esos dibujos animados que pisan una monda de plátano. Sería el aguanieve. O la falta de costumbre.

Mientras Aranda aún se tiraba de los pelos, Guardado regaló un caramelo de pase a Juan Rodríguez, que se dio la media vuelta en el área a lo delantero de toda la vida y la clavó en la red.?En la siguiente acción, el malagueño fue abatido en el área pero dramatizó en exceso la caída y el árbitro mandó seguir.

Osasuna había venido a defender y de repente y le tocaba atacar. No supo, y cuando lo intento allí estaba una de las defensas mas armadas de Primera. Camacho quitó a los dos delanteros, como si los pobres fuesen culpables y no víctimas de su sistema amarrón, como si no hubiesen tenido bastante con los obuses de fuego amigo que les vinieron encima.

Lotina apostó por el control y el juego interior con los sustitutos Valerón e Iván Pérez, y en una acción por el centro, a la contra,?Nekounam frenó una galopada de Guardado con aroma a gol. Y se fue a la calle.?Con diez, Osasuna se estiro con más intención que con once. Pero no mordió.

Hubo tiempo para que debutase Juan Domínguez en Riazor. El Dépor acabó con el canterano, Valerón e Iván tricotando en la tercera línea, bien resguardados atrás por Tomás y Rodríguez y por una zaga inexpugnable. Y con el público de pie, dando palmas a un equipo del que se siente orgulloso. El Dépor trabaja, Riazor se divierte.