Su juego ofensivo lo ha situado líder en la división de honor de hockey sobre patines y se juega mañana el título de invierno
11 ene 2010 . Actualizado a las 02:02 h.El 28 de marzo de 1993, Willy Duarte marcaba en Riazor el último gol de un Liceo que vencía al Reus Deportivo en el último partido de la Liga 92-93. Un tanto que además de cerrar la goleada verdiblanca daba al Liceo su sexta y última Liga, que semanas después levantaría Daniel Martinazzo, como capitán.
Diecisiete años después, los que entonces eran unos niños que leían y veían con asombro las hazañas de un Liceo que marcó época, se enfrentaron en el mismo escenario. El triunfo volvió a corresponder a los verdiblancos y, esta vez, el premio fue auparse al liderato de la OK Liga. En el actual plantel o cuerpo técnicos coruñeses solo queda un superviviente: Ramón Canalda, portero del equipo que conquistó aquella Liga y actual entrenador de guardametas.
El club coruñés no cuenta ahora con el talonario de entonces para fichajes, pero ha conformado una plantilla muy experimentada y con clara vocación ofensiva. De hecho es el máximo realizador de la categoría con 75 goles (una media de 5,3 por partido). El siguiente en dicho apartado es el Barça a ocho goles. Al frente de este bloque, uno de los mejores entrenadores del mundo: Carlos Gil.
Con estos mimbres, el conjunto verdiblanco se ha puesto líder de la competición con 36 puntos a falta de una jornada para la conclusión de la primera vuelta. Mañana, los gallegos visitan la cancha del Vic, que es el segundo clasificado a un punto. Por detrás, el Barcelona, a dos.
Los verdiblancos han llegado a esta situación -«con mucho trabajo», apunta Gil- después de haber perdido solo dos partidos en las catorce jornadas disputadas (en Tenerife y en Noia) y tras haber ganado en el Palau Blaugrana, después de una exhibición de poderío. Una trayectoria que para Gil refleja «la madurez de este equipo».
Cambio de reglamento
El cambio de normativa, con mayor número de señalamientos de faltas directas y exclusiones con azul y sin posibilidad de reemplazar al sancionado, también favorece al Liceo. «Un conjunto como el nuestro que juega al ataque y tiene técnica se ve beneficiado. Nos hemos adaptado bien y ahí estamos ganando muchas posibilidades en nuestro juego», explica.
El reparto de minutos está resultando, asimismo, clave en el devenir de este conjunto. «No se puede hablar de un cinco tipo ni mucho menos. Además hemos contado con bajas y el equipo no se ha resentido. El gran secreto es que de los ocho de pista cualquiera puede jugar que el equipo no lo nota. Muchas veces les digo a los jugadores que, en ocasiones, podría meter los números de sus dorsales en una bolsa, sacar cuatro y formaríamos un conjunto que podría ganar a cualquiera», explica orgulloso un Carlos Gil que cree que «este puede ser el año de este Liceo».