Iván Carril por fin libera el freno

Antón Bruquetas

CDLUGO

El jugador del Pontevedra cuajó el mejor partido desde que viste la camiseta granate gracias a que apartó los temores a una recaída de la lesión más persistente de su carrera

09 nov 2009 . Actualizado a las 13:03 h.

Cuando Iván Carril aterrizó en Pontevedra, después de un largo período de negociaciones con la junta directiva del club granate, lo primero que hizo es pedir tiempo. Necesitaba recuperarse de una lesión en la inserción de la rodilla izquierda que lo había mantenido alejado de los terrenos de juego durante toda la pretemporada. Un movimiento inteligente del futbolista. Conocía perfectamente, porque ya lo había vivido en otras ocasiones, las expectativas que había generado su fichaje. Sabía que en la mirada de la afición, la expectación pronto se transformaría en exigencia. «Los veo pasar como relámpagos», exclamó Carril nada más concluir su primer entrenamiento con el resto de sus compañeros.

El cuerpo técnico, encabezado por Roberto Aguirre, con una plantilla cómoda para la categoría, comprendió a su nueva perla. La mimó. Marcó plazos de recuperación asequibles, alejó la presión de la cabeza de Iván Carril para tratar de recoger los réditos más adelante. Así, el futbolista ganó el tono físico del que carecía y poco a poco se fue integrando en el grupo.

Llegó el momento del debut del equipo frente a la Cultural Leonesa. Entró en la segunda parte y dejó pinceladas de su calidad, pero las piernas aún acumulaban demasiado cansancio. La fórmula se repitió contra el Guijuelo, donde en una mitad enseñó que puede herir con facilidad a los contrarios. Sin embargo, al día siguiente emergieron de nuevo las molestias en la rodilla. Un frenazo de tres semanas. Ni un mal gesto desde el club, ni un síntoma de duda acerca del rendimiento que podría ofrecer un futbolista con experiencia en competiciones europeas y del que un día Joaquín Caparrós, cuando lo entrenaba en el Deportivo, dijo que, si se lo creía, sería uno de los grandes del fútbol nacional.

Reapareció en la goleada del Lugo en Pasarón y completó su primer partido como titular en Éibar, pero definitivamente resucitó el sábado frente al Palencia. Justo en una semana en la que aparecieron otra vez los problemas en la zona lesionada. Unos problemas que ahora el entrenador está convencido de que son una mezcla de dolencia física y temores generados en el cerebro del futbolista.

Tanto es así, que en la sala de prensa desveló que el viernes habló con Carril para que «forzase al máximo durante el entrenamiento, con un ritmo similar al de un partido». «Quería despejar de su cabeza todos los fantasmas de una posible recaída, porque, a veces, veo que en el campo parece que lleva el freno de mano echado», apuntó Aguirre.

La estrategia funcionó. Iván Carril diseccionó la defensa del Palencia con el filo de un bisturí, desequilibró a sus marcadores sin ataduras, creó peligro descolgándose desde la segunda línea, dibujando diagonales perfectas, marcó un gol, regaló el segundo y a punto estuvo de hacer el tercero. Descubrió a Pasarón el motivo de su fichaje y solo faltó el cambio para que la afición le rindiese el tributo que merecía. Pero el entrenador quería que siguiese en el césped, deseaba que espantase los fantasmas de una vez por todas, que viese que es capaz de completar un partido sin romperse. El jugador necesitaba, tanto como el equipo, recobrar la confianza. Aguirre empieza a cobrar los dividendos de su paciencia, ha recuperado una pieza clave.