Los campeones del mundo, que solo sufrieron en el inicio del choque, ofrecieron una imagen sólida
15 sep 2009 . Actualizado a las 17:09 h.Tarde o temprano tenía que suceder. La generación que ha coleccionado metales en las últimas citas internacionales no podía abandonar el Europeo por la puerta de atrás. Aunque no fuera a tiempo completo, España está de vuelta.
Siete minutos mágicos. Poco más de una quinta parte del partido, en el inicio del segundo cuarto, para que la selección recuperara sus señas de identidad. La defensa de anticipación, la velocidad y el descaro ofensivo. Suficiente para dar un paso importante, no definitivo, hacia cuartos de final y además saldar cuentas con Lituania, precisamente el equipo que en un amistoso abrió la minicrisis.
Un k.o. en toda regla, un parcial de 23-0. Un plan perfecto, maquinado en la mente del recuperado Ricky Rubio y ejecutado por un imperial Pau Gasol. Hasta entonces, España había vuelto a sufrir ante la dureza rival. Aguantó como pudo el primer cuarto con la facilidad anotadora de Navarro, diez minutos en los que España ofreció las dos caras que había mostrado hasta ahora; en la peor, volvió a colaborar un Scariolo al que la ansiedad lo llevó a utilizar diez jugadores antes del minuto ocho. El único dato positivo provenía del desgaste a que estaba siendo sometido el cuadro lituano.
Pero cuando los peores presagios habían vuelto a aparecer, con un equipo sembrado de dudas y sin continuidad en su juego, volvió la sonrisa. De forma inesperada reapareció el campeón del mundo, el grupo que tuteó a Estados Unidos en la final olímpica y al que nadie quiere tener enfrente en los cara o cruz que se avecinan. Un triple de Rudy y un par de transiciones que Pau Gasol finalizó hundiendo el codo en la canasta lituana abrieron el camino.
Volvió la intensidad defensiva, el deseo de anticipar cada pase del rudo y tosco rival y el descaro para finalizar cada ataque con una brillantez desconocida en la primera semana de competición. Nadie se escondió entonces. Ni Ricky, que finalmente se fue a las nueve asistencias, ni un Rudy menos participativo que en jornadas anteriores; tampoco Navarro, que pasa de la noche al día con la misma facilidad que el juego español. Pero sobre todo Pau Gasol. El pívot de los Lakers se adueñó de los aros. Un parcial estratosférico en seis minutos (23-0) dio la vuelta al encuentro (38-24) y difuminó a una Lituania que solo reaccionó para amortiguar la sangría (40-32 en el descanso). Vana ilusión. Ricky y Pau volvieron del vestuario tan enchufados como se habían ido. Incluso Raúl López se sumó la fiesta para asistir al único último cuarto (64-43) que España ha vivido con placidez desde el inicio del Europeo. Lituania tuvo tiempo para maquillar su despedida del torneo, y Scariolo, para dosificar a su antojo a los más castigados y acordarse de que Claver también existe.
Aún no se ha asegurado una plaza en los cuartos de final, pero España está de vuelta. Las primeras noticias de que la candidata al oro sigue viva, al menos hasta mañana, cuando se enfrente a una Polonia que ayer fue severamente vapuleada por Eslovenia.