Se abona el Lugo al empate esta temporada. Ayer sumó el tercero consecutivo, ante uno de los rivales más complicados del campeonato, una Ponferradina a la que dejó escapar viva, cuando la tenía entre sus manos. Falló en lo más importante, el acierto con la meta contraria. No gozó de numerosas ocasiones el conjunto de Quique Setién, pero sí de alguna muy clara. Esta vez fue el palo el que repelió el disparo de Maikel que hubiera supuesto la victoria.
La igualdad marcó el arranque. La evidencia del respeto entre ambos contendientes sólo se hizo trizas en la segunda mitad, cuando la Ponferradina se quedó con uno menos por la expulsión de Yuri. Hasta entonces, ninguno se atrevió a romper las hostilidades. Los dos entrenadores situaron las defensas a kilómetros de sus porteros. Se jugaba en muy poco espacio, a la espera de errores que no llegaban, y el Lugo no enlazaba más de tres pases. El partido adolecía de ritmo, y nadie conseguía arreglar el sopor. Agradecidos los porteros, pues el balón no se acercaba por sus dominios. El rojiblanco, Escalona, aún se pregunta si la Ponferradina pasó por allí, ante la timidez de sus llegadas. Sólo una vez, el mismo Yuri que dejaría a su equipo con diez al inicio de la segunda parte, llegaron los bercianos. El brasileño dejó sin respiración a los aficionados locales.
Susto de Rubén Vega
El primer susto, no obstante, se lo llevó la Ponferradina, pero no por ninguna llegada a su portería: en la primera acción del partido hubo de retirarse a los vestuarios su goleador y capitán, Rubén Vega. Se llevó un pisotón en los genitales y fue evacuado al hospital. Eso así, antes del final regresó, pasar alivio de sus compañeros.
No se animó el Lugo, ni tuvo el control para comenzar a trenzar hasta que se vio en superioridad. Y no concretó hasta que Maikel libró al portero de un recorte, y solo, hizo lo más difícil: mandarla al palo. Un aviso para navegantes que obligó a recular a los bercianos.
Al control del Lugo ayudaron los cambios introducidos por Setién. Sacó a Losada, al que los defensores maniataron evitando que crease peligro de cara a la portería contraria, e introdujo a Noguerol, que añadió movilidad en el ataque (y gozó de un par de buenas oportunidades). Además, aparecía por primera vez con opciones ofensivas Cristóbal Juncal, más liberado de sus tareas defensivas en la banda derecha. El balón alcanzaba la máxima velocidad desde el pitido inicial, y la defensa visitante lo pagaba.
Los locales encerraban a la Ponferradina, que no quería regresar de vacío y sí conservar el punto del marcador inicial. Pero los visitantes cerraban todos los huecos posibles, (no sin cierto desorden tras la salida del campo de Dani Borreguero) y no desdeñaban la posibilidad de salir a la contra si las circunstancias lo permitían.
Con el transcurso de los minutos, y la inoperancia atacante, sobrevolaba el feudo lucense la sombra del empate. No se desesperó el equipo local, y evitó recurrir al fútbol directo. Sin embargo, no se concretó el peligro en más oportunidades claras. Así, el Lugo sumó su tercer empate consecutivo, aunque esta vez, sin marcar.