El recién ascendido Mirandés recondujo el desconcierto inicial para sacar un punto en el Ángel Carro
31 ago 2009 . Actualizado a las 15:23 h.Después del enamoramiento llegó el desencanto. El Lugo ofreció veinte minutos de avasalladora superioridad sobre el Mirandés, sembrando una ilusión desbordante en el graderío. Pero, con 1-0 en el marcador, los rojiblancos se difuminaron una vez que los visitantes equilibraron la batalla en la medular y se sacudieron los complejos de recién ascendido. Nada más arrancar la segunda mitad, los burgaleses igualaron la contienda y los locales fueron incapaces de recuperar la pasión inicial para introducir los tres puntos en su zurrón.
El Lugo protagonizó un arranque electrizante. Ante un rival desbordado y acobardado, los rojiblancos asumieron con gusto y desparpajo el rol de favoritos y desplegaron un aluvión de golpes sobre el área de los burgaleses. Los avisos llegaban por todas partes y el central Raúl Lozano se disfrazaba de bombero para parchear los incendios. El premio gordo le tocó a Arroyo, que aprovechó un gran servicio de Maikel para dar la ventaja a los locales.
Después de marcar, el Lugo aguantó el tirón hasta que se fue difuminando desde el minuto veinte. Seoane se multiplicó para que el centro del campo mantuviese el color rojiblanco, pero los de Quique Setién perdieron profundidad. Y para colmo, los castellanos fueron tomando la manija en la zona de creación.
El Mirandés, que evidenció carencia de instinto asesino, se fue desperezando apoyado por el letargo en el que se sumieron los gallegos. Más asentados, se repusieron al acoso inicial de los locales y, en el tramo final de la primera mitad, gozaron de las mejores ocasiones.
Lento despertar
Finalmente, los visitantes aprovecharon la siesta del Lugo para igualar el marcador en una jugada de estrategia que Aira acabó enviando a sus propias redes. Los rojiblancos se atragantaron con el mazazo y fueron víctimas de un cóctel que mezclaba el desconcierto con la ansiedad.
El Mirandés reforzó la medular con las sustituciones y se fue haciendo con el control del ritmo del partido. Hasta que Setién movió fichas y los burgaleses se replegaron a la espera de que un contraataque les concediera el sueño del triunfo.
Con Maikel reventado, Noguerol y Sergio asumieron los galones en el bando lucense. Sin embargo, el choque se atascó por el centro, mientras que las bandas de los rojiblancos estaban más paralizadas que las obras del Ave a Galicia.