Los ocho mil espectadores escasos que acudieron al estadio municipal de Riazor el pasado lunes para presenciar el duelo correspondiente al Teresa Herrera entre el Deportivo y el Atlético de Madrid fueron un reflejo de la decadencia en la que ha entrado el decano de los torneos veraniegos con la organización a cargo de Lendoiro.
Cuando el dirigente blanquiazul cogió el torneo en el año 2000, la edición más floja no presentaba una entrada inferior a 18.000 espectadores. Desde el año 2003, la mejor entrada no supera esos 18.000 aficionados. Sucedió en el año 2007 con la visita del Real Madrid.
El resto de finales desde el 2003 se saldaron con pírricas afluencias de 5.000 (Deportivo-Nacional, año 2003), 10.000 (Deportivo-Atlético, año 2004), 5.000 (Deportivo-Peñarol, año 2005), 12.000 (Deportivo-Milan, año 2006) y 8.000 (Deportivo-Atlético de Madrid, años 2008 y 2009). Más allá de la falta de atractivo de la mayoría de los carteles, la dejadez mostrada por el club coruñés se ha quedado lejos de aquel espíritu que hizo del Teresa Herrera el trofeo estival más importante del mundo.