El camerunés rechazó besar la camiseta en la presentación con su nuevo equipo
29 jul 2009 . Actualizado a las 18:01 h.El más indomable de los leones se vistió ayer de estreno para dejar claro sobre el césped del Appiano Gentile, el campo de entrenamiento del Inter, que trece años de carreras por España no han ablandado ni un poquito ese punto de desafiante suficiencia.
Ávidos de imagen de portada, los fotógrafos reclamaron a Eto'o (Mkon, 1981) que le plantara un beso a su nueva indumentaria. Unos quinientos aficionados jalearon la petición tras las vallas. Pero Samu tiene tanta soberbia como palabra. «No me gustan los jugadores que besan la camiseta tras marcar un gol, porque no dudarán un segundo en cambiar de equipo al día siguiente si les ofrecen unos cuantos millones más». Aquella frase de hace unos meses en la francesa Sportweek no hizo gracia en el Camp Nou. Y menos cuando se supo que el camerunés se había negado a posar con la remera blaugrana para la entrevista. Muchos tifosi interistas tampoco entendieron ayer que su nuevo ariete escatimara el guiño a la grada. «Tengo que conquistar la confianza de los aficionados en el campo», justificó él.
Desde la misma presentación se barrunta que no habrá tampoco camino de rosas para Eto'o en su etapa neroazzurra . Algo que no agobia a Samu, seguro de haber llegado «a donde quería ir» después de un paso por España «maravilloso, a pesar de todos los problemas».
Problemas que ganaron relevancia durante su última etapa en el Barça, donde el camerunés pasó de ser un capricho de Laporta, que forzó su traspaso desde el Mallorca por 24 millones de euros (doce fueron a parar al Real Madrid), a una mercancía difícil de colocar, pese a unos espectaculares registros goleadores.
El jugador africano con más partidos en la Liga, el número doce en el ránking goleador de la competición y el tercer máximo anotador en la historia culé ya fue condenado al exilio hace un año, cuando Guardiola llegó al Barça y anunció que, además de Eto'o, le sobraban Deco y Ronaldinho. Fue el único del trío de prescindibles al que no se encontró acomodo y el técnico, falto de otros recursos para la delantera, aceptó empezar de cero la relación con su 9.
Un solo año de contrato
Cincuenta partidos y 35 goles después, el míster volvió a anteponer los criterios disciplinarios a los deportivos y dejó claro a la directiva del club que no quería en su vestuario a un futbolista difícil al que le quedaba un solo año de contrato. El delantero se sintió herido en su dilatado orgullo y advirtió que solo él elegiría su nuevo destino, e incluso se mostró dispuesto a pasar un año en blanco antes de quedar libre. Dio calabazas a los petrodólares del Manchester City y únicamente accedió a mudarse a San Siro después de unas tensas negociaciones y un buen pico de euros (once millones más incentivos). A cambio, al Barça llega Ibrahimovic, un futbolista impresionante, que tampoco garantiza, precisamente, armonía en la caseta.
Samu abandona el modelo Guardiola para abrazar el estilo Mourinho. Con el de Santpedor apenas tuvo un ligero roce tras una sustitución; el ego desbocado del portugués no se lo pondrá tan fácil. Una llamada de Mou convenció al ariete para el cambio de aires, pero el jefe del Inter es un hombre de carácter y poca paciencia. La pasada temporada se hartó de Adriano, al que desterró tras asegurar que «no tiene arreglo».
Parece poco probable que trague con los arrebatos de Eto'o, como hizo Rijkaard aquella tarde de febrero, cuando el camerunés se negó a saltar al campo del Sardinero como suplente. Toshack o Brindisi tampoco sintonizaron con el león indomable, que vivió su relación más turbulenta con Aragonés, quien le llegó a zarandear en el banquillo, pero al que el ariete convenció para abrir una segunda etapa como técnico balear: «Me llamó y me dijo 'abuelo, venga para acá'». Parte del circo de Samu, que ahora se muda a Milan.