Marcajes especiales en la parcela del medio centro

La Voz

OURENSE CIUDAD

22 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Pepe Soler, entrenador del Caravaca, tuvo muy claro desde el principio cual era la misión prioritaria de sus jugadores, para impedir que el Ourense se moviera a sus anchas.

«Al diez, os dije que no puede jugar el diez», repetía constantemente el técnico murciano, que además de esa alusión directa a Moisés Pereiro, por extensión, también incidía en la presión sobre Antonio Fernández, para evitar que los rojillos movieran con soltura el esférico en la parcela ancha. Con esa letanía se pasó el técnico la primera mitad, contrariado porque la consigna no se cumplía.

Al contrario, fueron muchas más las instrucciones que recibieron los murcianos en la segunda mitad, porque sí consiguieron cumplir esa máxima primaria de que el equipo rival dispusiera de menos tiempo de posesión de balón.

Soler ya había sorprendido en el inicio del partido, situando bajo palos a Álex, cuando Cabaco había sido el elegido en los últimos partidos y, además, el Alcalá de Guadaira no había sido capaz de marcarle ningún gol.

Lo cierto es que la presión del Caravaca fue aumento a lo largo del choque, bajo un calor sofocante, que ya había sido calificado como clave en la eliminatoria, los visitantes llegaron más enteros al segundo período y tampoco se cortaron en imprimir una mayor agresividad a su juego, porque tarascadas como la que retiró a Martín del partido o alguna otra que sufrieron el propio Moisés, Josu, Sanginés o el mismo Portela en sus salidas desde atrás marcaron la intensidad del tramo final de la contienda y un ambiente bastante caldeado para el choque de vuelta, que ya tuvo su prólogo en la polémica retirada a vestuarios, desde las protestas del propio Pepe Soler.