Nadie le discute la supremacía en el squash. El jugador santiagués acaba de lograr su octavo título español consecutivo y se acerca, paso a paso, al «top ten» internacional
22 abr 2009 . Actualizado a las 02:59 h.Borja Golán Santín (6-1-83, Santiago de Compostela) no ha dejado de subir peldaños desde que cogió la raqueta de squash por vez primera, cuando tenía nueve años. Aunque hay algún español más acostumbrado a inscribirse en las pruebas PSA (Professional Squash Association), es el único que suele pedir paso en los cuadro finales.
Golán empezó en el Squash Club Santiago a la edad en la que los críos suelen hacer la Primera Comunión. Era de esos chavales con maneras para todos los deportes, pero pronto se vio que tenía un talento natural para el squash y hacia ahí orientó su carrera, a los 15 años, en detrimento del fútbol.
A esa edad ya se proclamó campeón gallego absoluto, recibió la convocatoria de la selección española sub-17 para el Europeo de Reklinhaussen y, poco después, para el Mundial de Princeton. Casi siempre ha ido por delante de su edad en una carrera de línea ascendente. Con 18 años alcanzó la internacionalidad absoluta y se trasladó a la localidad inglesa de Broxbourne para trabajar a las órdenes de John Milton, uno de los gurús del squash.
Primer título de España
A principios del 2002 dio comienzo su singladura profesional, al inscribirse en el PSA. Ese mismo año se proclamó campeón de España absoluto y desde entonces no ha parado: ocho títulos, después de haber cedido un par de sets. A la par ha ido sacando la carrera de Periodismo, de la que le quedan las últimas asignaturas.
Desde el principio, Borja Golán se ha marcado como meta disfrutar del squash sin dejar de mejorar y, hasta el momento, está cumpliendo todas sus expectativas. Vive de la raqueta, aunque las cifras que se manejan están muy lejos de las que mueve el tenis. Realmente, solo los cinco primeros del mundo suelen acabar el año con unas ganancias que superan, en algún caso con holgura, los 100.000 euros. Por debajo de ese quinto puesto el listón se sitúa a una distancia considerable.
El jugador santiagués, de veintiséis años de edad, ha conseguido situarse en el duodécimo puesto del ránking mundial. Si no se trunca su trayectoria, encara el tramo de madurez en el que los practicantes de este deporte suelen obtener sus mejores resultados, entre los 26 y los 30 años. De momento, tiene el top ten al alcance de la mano. Y no renuncia a los cinco primeros puestos, aunque eso son ya palabras mayores.
Torneos más preciados
En su palmarés guarda con especial cariño el título que consiguió hace un año en Santiago, ante su público. Un poco antes, alcanzó las semifinales en Francia, después de apear al número tres del mundo, James Willstrop, y al quinto, Thierry Lincou.
Bogotá, Nueva York, El Cairo, Londres, París, Arabia Saudí... Son paradas fijas a lo largo del año, sin olvidar que también participa en las ligas de clubes de Austria, Alemania, Inglaterra y Francia para hacer caja. Nunca se ha parado a hacer la cuenta, pero a bote pronto calcula que cada curso puede hacer unos cien vuelos que, traducidos en kilómetros, equivaldrían a varias vueltas al mundo.
Durante la temporada levanta el pie del acelerador en los entrenamientos, porque prevalece la recuperación y llegar en óptimas condiciones a los torneos. En la fase preparatoria se le puede ver en el Squash Club Santiago en sesiones de mañana y tarde, entre dos y tres horas en cada tramo. En la élite no hay margen para el éxito sin sacrificio.
Reconoce que su juego quizás no sea espectacular, que a veces le cuesta rematar los puntos. Pero compensa ese déficit con la velocidad y la resistencia.