El Ciudad de Santiago y el Guijuelo se repartieron los puntos (1-1) en el estadio de San Lázaro. En un partido tedioso, sin ocasiones y de muy poca calidad, Ciudad y Guijuelo pasaron con más pena que gloria por el multiusos de la capital gallega. Martins adelantó a los visitantes en la primera parte y el capitán Rico igualó la contienda al transformar en el segundo acto un claro penalti cometido por Bayón. Fue un justo premio para ambos contendientes, que aburrieron a los pocos aficionados que acudieron al recinto compostelano.
De entrada, Luisito pudo contar finalmente con el central Pablo López y con el centrocampista Rico, que partieron en el once inicial. Sin embargo, la fortuna no sonrió del todo al entrenador verdiblanco, pues a los dos minutos de comenzar el choque ya tuvo que variar sus planteamientos. Franqueira se lesionó y entró en su lugar Jesús Sánchez, todavía en fase de recuperación.
El equipo perdió un nuevo referente ofensivo, pero no se arrugó en los primeros compases de la contienda. El Ciudad intentó dar velocidad a sus acciones y mantuvo la posesión del esférico en la primera parte del primer acto. Pero enfrente el Ciudad tenía un adversario serio y muy bien ordenado, con mucho criterio colectivo y con una destacada habilidad con el balón.
El once santiagués buscó con insistencia a Marcos Suárez y a Changui, pero la ausencia del pichichi Maikel llenó todavía más de responsabilidad a los verdiblancos, que poco a poco fueron bajando su intensidad. Además, el Guijuelo supo tapar bien los espacios y se adueñó del cuero.
El Guijuelo compitió en San Lázaro con dos puntas, sin encerrarse atrás y buscando en todo momento la espalda de los defensores locales. El máximo realizador de la categoría, el visitante Ballesteros, estuvo muy controlado. Con una permanente vigilancia a cargo de Pablo López, el ariete apenas pudo maniobrar, pues en cada control se veía rodeado por los dos centrales de casa.
Pocas ocasiones
El juego fue aburrido, sin chispa en las acciones de ataque y con mucha contundencia en las jugadas defensivas. David Pérez disfrutó de la primera oportunidad clara, pero dentro del área visitante no fue capaz de recortar para el lado bueno, perdiéndose el balón por la línea de fondo tras tocar un defensor visitante.
La siguiente acción destacada la protagonizó el Guijuelo. Txoperena disparó con mucha potencia desde fuera del área y el balón salió con peligro, aunque sin consecuencias negativas para los de Luisito.
El siguiente aviso visitante, doce minutos después, fue letal. Ballesteros controló el esférico en las proximidades del área, pero como casi siempre se vio rodeado por Pablo López y Capi. Al punta visitante no le quedó otra opción que soltar el balón hacia el centro, en donde habilitó a Martins, totalmente solo. El centrocampista del Guijuelo lanzó un misil desde muy lejos, raso y colocado, que sorprendió al meta Mackay, que llegó a tocar levemente el balón, pero sin evitar que entrase en su portería.
El Ciudad tardó en asimilar el golpe. Durante varios minutos no encontró el ritmo y se vio desbordado por un rival que marcó las pautas del juego. Incluso pudo aumentar la ventaja el Guijuelo en una buena contra que abortó Mackay ante Hornuss.
En el descanso, Luisito tuvo que mover de nuevo ficha. Changui, que se lesionó en la recta final de la primera parte, se quedó en el vestuario y Zabala ocupó una de las plazas del ataque.
En el arranque del segundo período, el Ciudad mejoró, aunque no mucho. El problema no estaba en el ataque, sino en la línea de creación. Apenas llegaron balones arriba y por las bandas fue muy difícil penetrar. Además, los centros laterales casi siempre fueron mal orientados.
Poca profundidad
El once santiagués buscó más el gol que el rival. Jugar con desventaja en el marcador obligó a los verdiblancos a actuar con más riesgos. El Guijuelo, por contra, se limitó a conservar la diferencia y apenas buscó produndidad en sus acciones.
Cuando más aburrido era el partido, cuando menos llegaban ambos equipos al área rival, cuando el público estaba muerto de frío y con ganas de abandonar San Lázaro (todavía restaba media hora de juego), el Guijuelo regaló el empate. Una acción sin aparente peligro la resolvió uno de los defensas del conjunto visitante con un manotazo. El justo penalti fue transformado por el capitán Rico.
Tras el empate, el encuentro se volvió todavía más insulso. Ni Ciudad ni Guijuelo fueron capaces de llegar con claridad al área. Solo el pichichi Ballesteros pudo desnivelar la contienda tras sentar en un contragope a Pablo López y Capi. Pero llegó sin fuerzas ante Mackay, que evitó el gol.