Lara Lagoa, la niña que creció desafiando al viento entre las olas

DEPORTES

La gallega de 14 años, que se ha convertido en la referencia española del windsurf, buscará una medalla en el Europeo

30 mar 2009 . Actualizado a las 12:25 h.

Lara se había quedado prendada de los barcos a vela que surcaban la ría viguesa. Le maravillaba conquistar las olas sorteando al viento con juegos malabares. Por eso, cuando llegó el día de su décimo cumpleaños, abordó a sus padres. «Yo quiero hacer eso, dejadme probar». A Mila y Alberto se les abrió la boca hasta conjugar la campanilla con unos ojos como platos. «Pero cómo vas a hacer eso tú, si eres una cría y no tienes fuerza...» le contestaron. Hoy, Lara Lagoa (Cangas, 1994) es la gran esperanza del windsurf femenino en España.

Con el permiso paterno se dirigió al Náutico de Cangas para dar sus primeros pasos. «El primer día fue un fracaso absoluto. No era capaz de levantar la vela y me moría de frío porque el traje me quedaba grande», recuerda. El fiasco no le hizo desistir. Volvió al día siguiente y consiguió un traje a medida y una vela adaptada a sus condiciones. Así empezó una progresión imparable.

Lara ha ido conquistando títulos en todas las categorías. El año pasado barrió en el Campeonato y en la Copa de España. No tuvo rival. Fue plata en el Europeo y bronce en el Mundial disputado en Polonia. Hace unos meses dejó la categoría sub-15 para pasar a la sub-17, la previa a la olímpica. En su primera prueba, el Campeonato de España, volvió a mostrar una superioridad encomiable. Venció en todas las mangas.

«Iba un poco nerviosa, no sabía qué nivel había. Cayó una tormenta espectacular y pensé que me ahogaba. Ni yo me explico cómo pude levantarme y tuve fuerzas para seguir», rememora ahora, en la víspera de afrontar su primer Europeo en la categoría. Se disputará en Lacanau, una localidad próxima a Burdeos, entre el 9 y el 16 del próximo mes de abril.

Favorita, con las italianas

Lara será la única española peninsular en viajar a tierras galas. Y ha tenido que arreglárselas por su cuenta para llegar hasta allí. «Voy a ir hasta Barcelona o Valencia y viajaré con los baleares en furgoneta», dice sonriendo. Durante la semana que dura la competición el trasiego es agotador.

«Cada día se disputan tres mangas, son muchas horas en las que no puedes relajarte ni un instante y en las que la técnica es tan importante como la capacidad de resistencia». Hace meses estuvo entrenando en Formentera con un as del windsurf, el olímpico Asier Fernández. «Fue una experiencia muy bonita, y aprendí mucho de todo aquello. Asier está siempre pendiente de la técnica, es muy perfeccionista».

En Burdeos, Lara partirá entre las favoritas y es consciente de dónde pueden estar sus principales rivales. «Las más fuertes son las italianas, que tienen un nivel superior a la media europea, pero ojo con las israelíes, si al final compiten, porque pueden dar la sorpresa», advierte.

«Ya basta de mendigar»

Lara se prepara en la canguesa playa de Rodeira ante la atenta mirada de su preparador Javi Enríquez y de sus padres. Su desfile entre las olas les está costando un ojo de la cara. Las ayudas son mínimas para un deporte en el que, además de los viajes, hay que afrontar un material muy caro que apenas dura.

«Una vela te cuesta mil euros, la tabla otros mil, y tienes que cambiarlos cada seis meses porque se estropean. Súmale quinientos euros de complementos, más el traje... estamos hablando de tres mil euros, es mucho dinero», admite Lara. Sus padres se desesperan.

«Es la ilusión de su vida y ha tenido resultados, además va excepcionalmente en los estudios, por eso no te puedes negar, pero a veces te dan ganas de decir hasta aquí hemos llegado», dice Mila, su madre. «Cuando gana son todo felicitaciones, pero luego somos los padres los que tenemos que dejarnos el sueldo, mendigando mil euros aquí y quinientos allá para que pueda competir por ser campeona de Europa». Lara ya no la escucha. Lleva un rato volando entre las olas.