La autosuficiencia conduce al Breogán a un excesivo sufrimiento

LUGO

14 dic 2008 . Actualizado a las 18:49 h.

En medio de una tarde fría, la excesiva autoestima estuvo a punto de congelar al Breogán. Los celestes pecaron de prepotentes ante un rival al que le gusta el barullo y que respira a gusto en partidos para pistoleros. El Mallorca tuvo en su mano tumbar a los de Paco García, pero se perdió en su propia irregularidad. Cusworth, errático a lo largo de la contienda, emergió en el parcial decisivo para devolverle el oxígeno al Breogán. Seis puntos del estadounidense equilibraron una desventaja de 66-72 para los locales. Y para bajar el telón, un triple de Tiedeman golpeó en el aro y concedió al Leche Río su sexta victoria consecutiva.

Las defensas tardaron en llegar al Pazo Universitario. En los compases iniciales, Dani López cortó la zona de los baleares como si fuese mantequilla. Pero parecía claro que la batalla de ayer no estaba condenada a finalizar por la vía rápida. Los triples mallorquines impidieron la fuga local e incluso otorgaron una renta a favor a los visitantes.

La dinámica del Breogán se prolongó. Los acertados Román, Corbacho y Dani López devolvieron la ventaja a los celestes ante un Mallorca que, antes del descanso, desperdició la ocasión para gozar de una renta confortable. Cada vez que Riera y Blair pasaban por el banquillo, la brújula de los naranjas iniciaba un giro descontrolado.

Tras el descanso, se esperaba una vuelta de tuerca a la concentración de los lucenses para poner fin a una agonía con la que pocos contaban antes del encuentro. Pero, a diferencia de la alegría anotadora que salpicó la primera mitad, el segundo acto se convirtió en un regalo al desorden. Dani López se esfumó del parqué y el Breogán se quedó sin timón. Los arreones del Mallorca se mezclaron con una alarmante sequía ofensiva del Leche Río para devolver el bastón de mando a los de Xavi Sastre.

Frenazo

Cusworth tuvo problemas con las faltas personales en el choque ante el Mallorca. El norteamericano se cargó demasiado pronto, pero tuvo la fortuna de que los baleares se obcecaron con el triple en lugar de apelar al equilibrio. La igualdad en el marcador se convirtió en la tónica dominante hasta que el segundo frenazo anotador del Breogán, que llegó en el cuarto decisivo, dotó a los visitantes de la ocasión para certificar la machada. Pero el desprecio hacia la victoria se convirtió en una cualidad que los dos adversarios compartieron.

Riera, faro de los baleares en el tercer cuarto, se difuminó en el desenlace. Los de Xavi Sastre apostaron por el metralletas Tiedeman y la jugada decisiva les salió mal. Antes, Cusworth había devuelto al Leche Río a la vida con una demoledora irrupción anotadora. Los celestes podían, por fin, celebrar un triunfo labrado en una huerta polifuncional.