El portero céltico detuvo un penalti y realizó media docena de paradas soberbias
06 oct 2008 . Actualizado a las 11:26 h.El Celta salió a Huesca a empatar sin goles y lo consiguió merced a una memorable actuación de Notario, que hizo paradas de todos los colores, un penalti incluido. Los vigueses fueron un desastre durante todo el primer tiempo y solo exhibieron atrevimiento en la recta final, en donde incluso pudieron ganar con dos ocasiones de Ghilas. Aún así el punto sabe a gloria luego del monólogo del recién ascendido.
Menudo meneo le metió el Huesca a los vigueses en el primer tiempo. Los oscenses lo pusieron todo menos el gol, y que el Celta se fuese al descanso con su portería a cero suena a milagro.
Los celestes naufragaron desde el pitido inicial. En todo. En el planteamiento, porque pese al conocimiento del rival los locales jugaron a su antojo. En defensa, porque la lentitud convirtió en autopistas todos los flancos. En el medio campo, en donde el trivote inicial cambió de dibujo a velocidad de vértigo pero con estéril resultado y porque en ataque los de Murcia no llegaron a disparar a portería ni una sola vez durante el primer tiempo.
A cambio recibieron dos palos, uno en un cabezazo de Roberto que se fue al travesaño y otro en un derechazo de Rubén Castro que se estrelló en la madera. Lo demás lo hizo Notario con dos manos prodigiosas y el cuerpo de Edu Moya, que repitió un obús de Camacho tras un córner.
Nada funcionó. Ni jugar con cinco defensas al incrustar a Rosada por el centro, ni el rombo del centro del campo, ni los cambios en ataque que llevaron a Ghilas a jugar por dentro. Al menos el argelino como media punta entró en contacto un poco más con el balón. Aparcado en banda con semejantes pelotazos (los célticos superaron la treintena en el primer acto) era imposible que los atacantes tocasen el balón. Por encima, Jonathan Vila tuvo que reconvertirse en algunos momentos en interior derecho.
Trashorras
El Celta volvió del vestuario con otra pinta, aunque sin excesivo continuidad. Con Trashorras en el campo, aunque aparcado en la izquierda, la cosa tenía mejor pinta. Murcia borró el trivote y buscó la presión más arriba mientras el chairego intentaba entrar en contacto con el balón. Suyo fue el primer disparo céltico de todo el partido, a los 50 minutos. Poco después en una contra provocada por un despeje orientado llegó la cabalgada de Ghilas y un remate a la cepa del poste.
Entonces el partidos se abrió y la emoción se apoderó de El Alcoraz. En parte también por los regales de Ariel Rosada, que perdió tres balones casi consecutivos que no supieron aprovechar ni Rubén Castro por partida doble ni el capitán Robert. Además, los fallos del argentino devolvieron la confianza menguante de los azulgranas.
A continuación volvió a emerger la figura de Notario. Inmenso. El contra todo el Huesca. Primero parando un penalti a Rubén Castro (no puede descartarse el piscinazo) que había cometido Fajardo sobre el delantero canario, después sacando una mano prodigiosa a un obús de Robert y a continuación en un tres contra uno que empequeñeció de nuevo al Rubén azulgrana. Sus tres paradas sonaban a milagro. Y de los grandes porque el encuentro volvía al escenario inicial, un monólogo oscense.
Parecía que el efecto Trashorras se había difuminado, pero el lucense volvió para servir un balón de gol a Ghilas que el argelino no supo culminar. La jugada destapó la batalla final con un Celta mucho más fresco. David Rodríguez obligó a Eduardo a un paradón desde la frontal. Parecía en esa recta final que los vigueses no aceptaban las tablas que le proponían los aragoneses, y de hecho Maris entró en el campo como último relevo.
Pero el partido ya ho tenía remedio y el empate debe considerarse como un bien preciado. Por el momento los de Murcia se apuntan a la media inglesa.