Óscar Pereiro ya está en casa con los suyos después del gran susto que se llevaron con la espectacular caída del ciclista de Mos por un barranco de varios metros de desnivel durante el descenso del Col del Agnel en la etapa del pasado domingo en el Tour de Francia.
El corredor gallego recibió ayer el alta en la clínica viguesa de Fátima, donde fue operado el pasado miércoles de la doble rotura de húmero en su brazo izquierdo. Pereiro vuelve a hacer gala de esa sonrisa y sentido del humor que siempre le ha caracterizado: «Me encuentro fenomenal. Los peores días fueron el domingo y el lunes hasta llegar aquí. Una vez que fui operado he empezado a sentir un alivio general muy grande. Ya muevo un poquito el codo», bromeó.
El ciclista del Caisse d'Épargne tiene totalmente asumido que la temporada se ha acabado para él. «Según me han dicho serán seis u ocho semanas hasta que esté recuperado, pero desgraciadamente los Juegos Olímpicos y la Vuelta a España están descartadas, entonces tanto el equipo como yo hemos pensado que lo mejor es dar por descartada la temporada y pensar en el año que viene». Lo acata con filosofía: «Psicológicamente me viene bien olvidarme de la bicicleta durante un tiempo».
Lamenta que se le haya escapado una oportunidad única de acudir a unos Juegos Olímpicos. «Dudo que dentro de cuatro años esté encima de una bicicleta», dice. Pero prefiere minimizar esas cosas, cuando lo realmente importante es que puede contarlo: «Cuando ves tan cerca algunas cosas, lo demás es secundario. Estoy vivo, puedo andar por mi propio pie y puedo seguir desarrollando mi trabajo, y eso es lo que importa».
Nunca se olvidará de sus sensaciones durante el accidente: «Caer de una altura así no sé cuántos segundos puede ser, pero te da tiempo a pensar muchas cosas. En el momento en que estás en el suelo y ves que estás despierto, se te pasa lo de la muerte y piensas si vas a poder andar. A medida que vas descartando cosas, te quedas más tranquilo. Por eso no tengo tanta pena, porque voy a poder disfrutar con mi gente de lo más valioso, que es la vida», añadió.
Una vez esté recuperado, el año que viene, le surgirá la ocasión de enfrentarse a sus fantasmas, ya que se verá en la vicisitud de bajar puertos incluso en peores condiciones meteorológicas y tan duros, o más, como el Col del Agnel. «Yo creo que no me va a afectar. No me caí en una curva por arriesgar ni porque hubiese peligro. Fue mala suerte. Cuando vea un barranco, creo que me cortaré, pero cuando dispute una carrera, si hay que arriesgar, imagino que lo haré, aunque son imágenes que es complicado no volver a pensar en ellas».
Pendiente del Tour
Óscar ha recibido noticias de que el director del Tour de Francia, Cristian Preud'Homme, se había preocupado por seguir su recuperación.
Ahora seguirá los últimos días de la ronda como un aficionado más y con la esperanza de que «un español gane por tercer año consecutivo, sería la leche», señaló.
Sin embargo cree que Sastre no lo tiene nada fácil: «Es complicado, pero no imposible. Cuando sales de líder en una contrarreloj, te creces, pero aunque el maillot amarillo te dé alas es complicado. Lo normal es que le caigan dos segundos por kilómetro y eso supone casi dos minutos».