Ya lo decía Helenio Herrera hace mucho tiempo y lo seguí escuchando de los ingleses: «Los buenos equipos se empiezan a armar desde atrás». O esta otra afirmación, que no tiene desperdicio: «Un equipo que no domine el fútbol defensivo, que olvide sus aspiraciones de ser campeón».
El Zaragoza armó esta temporada un conjunto con delanteros muy goleadores: Milito y Oliveira, que respondieron en el campo con 33 goles. Empezó la Liga con etiqueta si no de campeón sí al menos de Champions. Por Riazor pasó en la primera vuelta justo cuando el Deportivo pasaba por malos momentos, y se llevó un punto (1-1), pero dejó grandes dudas sobre su futuro, que ya entonces calificamos como muy dudoso, refiriéndonos a sus ilusiones iniciales. Desde entonces, el Zaragoza encajó goles con facilidad (le metieron 61). Cada bandazo lo fue llevando a un desfile de banquillo que afectó a cuatro entrenadores y ahora se ve en Segunda División, descenso que es comentado con incredulidad por la afición española en general.
Los delanteros, cuando marcan goles, ponen en pie a los seguidores de los equipos. Ayer un amigo me recordó también a H.H. Y él, por su cuenta, afirmó: «Un delantero puede ganar un partido, pero los títulos los aseguran los defensas». Al escucharlo, recordé aquello de que «la mejor defensa es un buen ataque» perdió validez hace tiempo. En Zaragoza, por lo visto, no lo tuvieron en cuenta.