El partido de Riazor tuvo el desenlace previsto, teniendo en cuenta que se enfrentaba el mejor equipo de la segunda vuelta contra el peor de toda la Liga. El Levante fue recibido con aplausos muy cordiales, dedicados por unos aficionados que admiran su comportamiento. Después, rodando ya el balón, el equipo visitante no desentonaría para nada si le comparamos con otros de más pretensiones que se llevaron algún punto de Riazor sin hacer más méritos. El encuentro tuvo más visos de un amistoso que de campeonato y esto resta siempre emoción que tampoco imperó en esta ocasión. Si acaso, lo que hubo fue incertidumbre porque el Deportivo, cuando buscaba el gol, recordaba sus horas más bajas de la primera vuelta. El gol del Levante no se creía que pudiera llegar, y no llegó, pero tampoco los de Lotina acertaban a mover el marcador. Menos mal que en el último tramo del partido salió al campo Valerón quien, repitiendo un de sus pases característicos que tanto echan de menos los aficionados deportivistas, prefabricó el gol del triunfo en un servicio al rejuvenecido Manuel Pablo que, a su vez, facilitó a Riki el remate a la red.
No hay más historia sobre este partido que el entrenador coruñés había dicho que tenía trampa. Lo que tuvo fue una total ineficacia de cara al marco valenciano.