Uno de los jugadores del Dépor que más valora la labor del psicólogo deportivo es Pablo Amo. Por dos motivos. En primer lugar, su mujer es psicóloga, «y siempre me ha ayudado muchísimo -afirma el central-, aunque más como amiga que como profesional».
En segundo lugar, por su propia experiencia: «Tuve la suerte de tener en el Sporting de Gijón al primer psicólogo deportivo que hubo en España, Joaquín Valdés, con el que trabajábamos a nivel individual y colectivo. Es una figura nueva en el fútbol y a veces todavía genera temor entre los jugadores, que no quieren mostrar debilidad, pero por suerte esa imagen está cambiando. Yo trabajé con él en el mejor momento de mi carrera, y a pesar de eso me dio muchísimas armas».
Armas para cultivar lo que Pablo considera la variable fundamental del deporte, la confianza. Porque el fútbol, dice, es un estado de ánimo. «En la confianza, que es un estado mental, está la clave -sostiene-. Todo jugador de Primera División tiene una buena base para competir, pero la diferencia de nivel me la encontré al llegar al Deportivo, y me llevé una gran sorpresa. Yo vi similitudes técnicas en los entrenamientos respecto al Sporting, pero la verdadera diferencia estaba en la competición. En el carácter ganador, la fortaleza mental y el ser capaz de hacer el domingo las virguerías de los entrenamientos. En tener esa valentía y, encima, lograr una eficacia en la jugada. Eso es lo que define a gente como Valerón, Tristán o Sergio».
Controlar la ansiedad
A partir de esa idea, ¿qué puede enseñar un psicólogo a un futbolista? «A aprender a activarse antes de los encuentros, saber desconectar, relajarse, controlar la ansiedad y cómo canalizar en el partidos las virtudes de cada uno. El jugador -explica Pablo Amo- tiene toda una estantería llena de libros, y a veces esos libros están revueltos. El psicólogo puede ayudarle a colocarlos».