Los celestes se mostraron muy espesos todo el partido y dieron demasiadas concesiones en la defensa
09 mar 2008 . Actualizado a las 02:28 h.Si los análisis previos decían que el partido, por la superioridad manifiesta de plantilla, debería ser para el Breogán ante un Huelva al que se presumía convidado de piedra (pese a las advertencias de Paco García, que durante la semana no dejó de advertir contra el peligro de los onubenses, sobre todo con el estado depresivo que acompaña a los lucenses desde lo del CAI), los visitantes se encargaron de demostrar que, pese a los problemas que los acucian, iban a poner en aprietos a los lucenses que, eso sí, contribuyeron al buen hacer de su rival a base de excesivas concesiones en defensa.
Porque el Breogán se encontró con problemas de diversa índole que no parecía capaz de resolver. No encontraba al jugador capaz de detener al cinco visitante, Morón, que se hinchaba a meter canastas fáciles; ni tampoco a Drame, que había salido a la cancha para frenar a un Maurice Jeffers que se fue diluyendo con el paso de los minutos, por no hablar de la soltura con la que Bennerman anotaba desde la línea de tres.
La palabra defensa era una entelequia. Algunos habían oído hablar de ella, pero ninguno sabía realmente lo que era. El Huelva, vistas las facilidades, se iba creyendo cada vez más que podía endulzar sus penas en Lugo, incluso decidió tomar el mando anotador, con una ventaja máxima, antes del descanso, de 40-47.
El Breo reaccionó, pero sólo fue un espejismo. Sin ritmo en ataque, ni intensidad en defensa, la responsabilidad era una losa que sepultaba los ánimos de los celestes. El público aplaudía a un Huelva al que la esperanza daba alas (acumuló 10 puntos de ventaja en el tercer cuarto), mientras los suyos se hundían en un pozo del que parecía salir su rival, hasta que apareció un señor llamado Daniel López, que decidió echarse el equipo a sus espaldas, y encontró como socio a un recién llegado como João Gomes, Betinho, letal en los lanzamientos triples.
Por cierto, los análisis también decían que en sus cinco derrotas anteriores, el Huelva se había desfondado en el cuarto final. A Lugo, llegaron vitaminados, aunque el Breogán forzó la prórroga. ¿Llegaría su energía, con cuatro jugadores con cuatro faltas? No aguantó, y el Breogán pudo respirar, aunque con la lesión en el tobillo, de nuevo, de Nacho Ordín.