Los vigueses no sentenciaron en el primer acto y el Éibar acabó remontando en la reanudación
11 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Lo que bien empieza mal acaba. El Celta fue un equipo sobrio y poderoso en el primer tiempo, se adelantó y tuvo la sentencia, pero no mató al Éibar y los armeros se metieron en la contienda a la vuelta del vestuario y sentenciaron cuando estaban en superioridad numérica. Los vigueses volvieron a perder la batalla de Ipurúa y quedan en una situación complicada en la tabla. El ascenso comienza a ser una cuestión de fe.
Y eso que el Celta salió adaptado al arte de la guerra desde el vestuario. Sabedor del arreón inicial del Éibar, aguantando y devolvieron todas las bolas desde el fondo de la red. Evitando esos errores no forzados que tan caros cuestan en el feudo armero. A la par envió un mensaje igual de contundente a su rival, el medio campo era una cuestión menor es este tipo de confrontación y todas sus contras tenían el patadón orientado como argumento. En la primera salida Núñez hizo gol pero en posición antirreglamentaria pero en la segunda el Éibar no encontró ningún tipo de amnistía. Sales se aprovechó del fallo del Biel Medina, Núñez fue generoso en la dejada y Diego Costa se reivindicó fusilando a quemarropa.
No replegaron líneas las ordas celestes tras ponerse por delante. El equipo de Caro mantuvo su posición en medio campo y apenas dejó resquicio para el ataque para los de Mandiola, aunque a cambio se olvidó casi por completo del ataque con Diego Costa como una isla en territorio enemigo. Bastante tenía con mantener sin alteraciones su trinchera en una posición avanzada lejos de los dominios de un Esteban que fue espectador de excepción durante el primer acto.
Aún así, las mejores ocasiones fueron celestes. Canobbio probó fortuna con la pierna mala desde la frontal sin éxito y el capitán uruguayo frenó un contragolpe de manual con todo a favor del Celta tras un carrerón de Núñez. Después fue un carrerón de Diego Costa que Sales no pudo rentabilizar por la oportuna intercepción de Manel. Ambos lances confirmaban que la calidad técnica también tiene cabida en un partido de músculo.
Durante el primer tiempo los armeros ni pudieron utilizar uno de sus bienes más preciados, la estrategia, pero nada más regresar del vestuario lo hicieron más enchufados y ávidos de lances a balón parado. Nada más volver sacaron dos córners consecutivos que anunciaban que la historia del partido sufría un vuelco radical. Que la batalla entraba en otra dimensión, la del juego directo y la presión sin límites de los azulgranas. Al Celta le costó mantener a raya al rival, pero realizó un ejercicio de supervivencia para salir indemne. Incluso en medio de la zozobra, Roberto Lago protagonizó una contra con la etiqueta de sentencia, pero la gloria individual cegó al canterano, que estrelló el balón en el cuerpo de Cuéllar cuando Diego Costa estaba presto para marcar.
Y de la sentencia se pasó al empate. En el primer desajuste defensivo Goiria entró solo por el centro y empató con un tiro cruzado. Por encima, los vascos redoblaron su moral y llevaron el partido al peor escenario posible.
Menos mal que el Celta, aún revolucionado por sus urgencias, al menos tuvo arrestos para nivelar la contienda y recuperar la hegemonía en el partido. Incluso en esa fase eléctrica, Canobbio pudo asestar una puñalada definitiva a los armeros pero solo y sin oposición se recreó en su calidad para enviar un balón franco al limbo.
La última media hora se convirtió en un intercambio de golpes de dos equipos liberados de sus ataduras tácticas y de sus miedos. La tuvo Codina, que encontró una autopista en la derecha, con todo a favor y golpeó a las nubes, y aunque la mesura invitaría a reforzar la defensa para guardar el punto Caro apostó por la entrada de Okkas en busca de un triunfo imprescindible.
No fue posible, porque poco después Lequi vio la segunda amarilla y a continuación Altuna volteó el marcador dejando al Celta todavía más contra las cuerdas. Los vigueses no le perdieron la cara al partido pero apenas crearon peligro y acabaron firmando una derrota que complica aún más su futuro.