En 1959 un Bobby Fischer de 16 años se medía al Gran Maestro húngaro Gideon Barcza. Después de 103 movimientos solo los reyes sobrevivían en el tablero. Cuando el magiar hacía el ademán para marcharse y firmar el empate, el imberbe Bobby le interrumpió:
-Echemos un vistazo desde la primera jugada, seguro que en algún momento podría haber jugado mejor.
-Mira, tengo mujer e hijos. ¿Quién los alimentará si muero antes de tiempo?
Pero Fisher no tenía un hogar que le esperase cada noche. Su casa eran 64 azulejos diminutos sobre los que pivotaba todo su pensamiento. Fue un James Dean del ajedrez: a los 29 años, tras tocar la cumbre contra el coloso soviético en 1972, desapareció. Con él, el mundo se retó en Reikiavik, el mismo lugar donde trece años después Reagan y Gorbachov comenzaron el deshielo de la guerra fría.
Irrespetuoso
Pese a su origen humilde (ha quedado en debate la verdadera paternidad del genio), Fischer no tardó en mostrar el tono caprichoso del héroe encumbrado. Así, llegó a espetarle al gran Mihail Thal en 1962 un lacónico «bueno, tú no juegas muy mal» durante una entrevista. Y en la cita de Reikiavik exigió al gobierno local que todos los semáforos estuviesen en verde cuando se dirigía del hotel a la sala del campeonato (a lo que nadie se opuso).
Como una estrella del rock, en la reedición del duelo con Spassky en Belgrado en 1992, Fischer exigió catorce camisas a medida idénticas a las usadas en Islandia, controló los menús del hotel, rechazó seis mesas con tablero incrustado creadas para la competición y exigió que los retretes fuesen elevados tres centímetros.
Además de su talento, la sinceridad también le hizo popular. «Quiero ser riquísimo, todos lo quieren ser, pero ninguno lo dice», se jactaba. Y le gustaba demostrar que no le preocupaba el dinero. Así, durante su estancia en Chile por motivo de un torneo, reclamaba una langosta cada mañana en el desayuno. Fischer engullía el café y las tostadas y dejaba impoluta la langosta. La dirección del hotel optó entonces por ponerle siempre la misma.
El 9 de marzo Bobby Fischer hubiese cumplido 65 años. Pero habría sido una contradicción llegar a ese día. El tablero solo tiene 64 casillas.