Los vigueses fallaron sus claras ocasiones en el primer tiempo y desaparecieron del campo tras la reanudación
13 ene 2008 . Actualizado a las 19:40 h.Nuevo paso atrás para el Celta. Los vigueses fallaron un buen puñado de oportunidades en el primer tiempo y desaparecieron del mapa en el segundo ante un Salamanca que terminó llevándose un punto pero que no estuvo lejos del triunfo. El arranque de año le está sentando fatal a los celestes, que podrían ver hoy el ascenso a seis puntos y a un buen puñado de equipos por delante. La situación comienza a ser preocupante, en especial por el bajón del segundo tiempo. Nunca desde la llegada de López Caro el equipo había estado tan vulgar.
Después del fiasco de Tenerife llegó la primera revolución de López Caro. El lebrijano apostó por el ataque y por el descaro para lavar la imagen celeste. Y con casi todo el arsenal en el verde el asedio y las ocasiones apenas tardaron en llegar. Lequi puso a prueba al debutante Biel Rivas con un disparo a bocajarro, Diego Costa remató casi de espaldas con intención y George Lucas avisó desde lejos.
El goteo de oportunidades fue incesante, pero Biel Rivas respondió a todas las intentonas con un muestrario de paradas para celebrar su debut. Okkas, Jorge y la cabeza de Perera se encontraron con el meta, quizás la única muralla real del Salamanca.
Porque los charros acumularon hombres por detrás del balón pero su presión dejaba bastante que desear. Los celestes se cansaron de encontrar huecos pese a su excesiva obcecación en jugar por el centro. Quizás porque a Núñez le sobra potencia y le falta precisión en la derecha y porque Diego Costa no acabó de interpretar el papel de volante en la siniestra. Volvía al once pero lejos de aprovechar su oportunidad vivió uno de sus días más grises.
Durante este primer tiempo el Celta tuvo toda la posesión, disfrutó de ocho saques de esquina y se fue al vestuario con media docena de oportunidades para abrir la lata, aunque curiosamente las dos mejores fueron del Salamanca. Un cabezazo de David Rodríguez que repelió el travesaño y un disparo de Postigo que se encontró con un paradón de Esteban y el fallo posterior de delantero centro salmantino en el rechace.
Tremendo bajón
Los ímpetus ofensivos vigueses bajaron de un modo considerable en el inicio del segundo tiempo. Parecía que los celestes apostaban por la cabeza frente a las urgencias del marcador pero lo cierto es que se desinflaron como un globo. Avisó rápido con un remate lejano pero ajustado del incansable Perera con la izquierda, pero fue un espejismo. De lo poco que llevarse a la boca en un tiempo para olvidar.
Porque a medida que comenzaron a caer los minutos la cosa fue de mal en peor, porque las prisas llevaron al Celta a una progresiva descomposición que comenzó a manejar el cuadro salmantino, que poco a poco se dejó ver en posiciones de ataque y que enseguida puso en evidencia el frágil sistema de contención celeste. Todo con una decadencia alarmante en el juego que hizo que en la grada asomasen los primeros pitos y con la lesión de Okkas como condimento para dar todavía un efecto más sombrío al panorama.
A falta de juego combinativo el Celta terminó por convertir el partido en un cúmulo de individualidades. Una carrera de Diego Costa, una pillería de Perera y algún centro del debutante Ferrán sin rematador. Todo con idéntico estéril resultado.
Y la cosa todavía pudo ser peor, porque el árbitro anuló un gol a Doñabeitia por presunto fuera de juego. Eran los peores minutos de un Celta que recordaba al de Stoichkov. Un desastre en todos los sentidos.
Locura final
Los últimos diez minutos fueron una locura sin nada parecido al fútbol de por medio. Los vigueses tiraron de desplazamientos largos sin ningún rédito y el Salamanca, con más cabeza y mejor posicionado, a punto estuvo de rentabilizar alguna de sus contras.
La única emoción la puso Lequi con un remate con la pierna buena que no cogió portería y un disparo de Jorge Larena desde la frontal que superó el larguero por escasos centímetros. Demasiado poco para un equipo que tenía la obligación de ganar para seguir avanzando y que por contra sigue retrocediendo en la tabla.
Por eso a nadie debe extrañar el estadillo de la grada a la conclusión. La sonora pitada invita a espabilar, a despejar unas dudas en aumento. Queda tiempo por delante, pero el margen de error se ha extinguido.