La UEFA suspende a Scolari con cuatro partidos

Efe

DEPORTES

La decisión ocurre después de su disputa del 12 de septiembre con el jugador serbio Ivica Dragutinovic, que fue suspendido dos partidos.

20 sep 2007 . Actualizado a las 18:39 h.

Luiz Felipe Scolari, el entrenador brasileño que jamás huye a una buena polémica, fue sancionado hoy con cuatro partidos de suspensión por su agresión al serbio Ivica Dragutinovic, el desenlace de su última reacción acalorada que vuelve a polarizar el mundillo del fútbol entre quienes disculpan su forma de ser y los que quieren su cabeza.

Nossa Senhora de Caravaggio, su protectora de todas las horas, fue invocada con más fervor por él y su familia desde el miércoles pasado, cuando intentó, sin lograrlo, propinar un golpe en el rostro del defensor serbio Ivica Dragutinovic.

La selección balcánica arrancó ese día un empate 1-1 a Portugal en choque de eliminatorias de la fase final de la Eurocopa de 2008.

Felipao negó la acción mostrada por el canal de televisión RTP1 y aseguró que con su reacción apenas intentó separar en el final del partido al jugador del Sevilla de su pupilo, el ariete Quaresma.

Vivir entre el cielo y el infierno es rutina para quien, como defensor, infundió temor por su generosa rudeza y escasa técnica.

Los muchos críticos de su trabajo como entrenador de clubes aún suelen echarle en cara su abierta preferencia por el juego fuerte y táctico, muchas veces en detrimento del cadencioso y técnico que el mundo no deja de admirar en los brasileños.

Expresiones como »equipo de machos«, »jugadores de pegada«, »juego de malicia« y »límite del reglamento« o »¡muérdalo, muérdalo! (entendido por presione sin cuartel) se inscriben con negritas en el abecedario que emplea para guiar a sus jugadores.

Quienes le conocen como rudo, disciplinado, exigente y «boca sucia» difícilmente imaginan que sus planteamientos tácticos se gestan en su cocina cuando lava platos después de la cena, o que de su rostro adusto las lágrimas brotan cuando ve películas románticas.

Fuera de casa, aparece el corpulento hijo de italianos formado en Educación Física que se impacienta con «preguntas absurdas» de periodistas o la emprende a golpes cuando se siente ofendido. «Sé que debo medir las palabras y mis reacciones, pero hay momentos en que uno no se puede aguantar», suele decir después de cada recaída.

Y cuando no son los golpes, los intentos de agresión o sus insultos, Scolari también se luce levantando polvo con opiniones como aquella sobre el ex dictador Augusto Pinochet: «Hubo torturas, pero mejoró a Chile, un país estable económicamente hace mucho tiempo, limpio y sin analfabetos».

O también su ya conocido pensamiento sobre la homosexualidad masculina: «Cada uno escoge el lado que quiere. No tengo prejuicios, pero creo que el hombre debe ser macho».

No se ruboriza al describir a su defensor ideal: «No puede ser un tipo bueno. Tiene que halar la camisa, pisar el pie, empujar».

El ex delantero Paulo Nunes, uno de sus talismanes cuando dirigió el Gremio y el Palmeiras, reveló que Scolari le hizo desistir de convertirse a la secta evangélica «Atletas de Cristo» con el siguiente sermón: «Si te conviertes, te pierdo como jugador. Tienes que seguir siendo un goleador terrible, muy malo, o te saco».

Su variado repertorio de artificios daría para escribir un manual para técnicos que gustan de jugar al borde del reglamento.

Cuando entrenaba al Gremio pidió al defensa paraguayo Francisco Arce permanecer una semana entera con una bota de yeso para timar a sus rivales del Internacional. ¡Y lo consiguió! El día del clásico nadie creía en la alineación del lateral pero, como en el pasaje bíblico que alude al milagro de Jesús con Lázaro, a la orden de Scolari rompió la protección, se levantó y caminó hacia la cancha.

También tiene un estilo paternal para atender asuntos privados, como peleas maritales o rupturas de noviazgos. «Eso afecta el nivel de mis jugadores y el rendimiento de mi equipo», explica.

El sexo es asunto vedado durante sus concentraciones, la fidelidad conyugal es religión y las fugas nocturnas constituyen en su manual un pecado mortal para quien se deja descubrir.