El tren suizo que lleva al cielo

NANI ARENAS

CULTURA

El ferrocarril cremallera que muere en la estación más alta de Europa, Jungfraujoch, es una obra maestra de la ingeniería que acerca al viajero a un paisaje majestuoso en el cantón del Oberland bernés.

20 abr 2009 . Actualizado a las 17:28 h.

Bienvenidos a la Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa. Una obra maestra de la naturaleza y de la ingeniería, escondida en el cantón suizo del Oberland bernés, en el corazón de Europa.

QUÉ ES

Un tren centenario

La excursión tiene dos protagonistas. El primero, el conjunto de picos Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, una maravilla de la naturaleza compuesta por montañas, valles y glaciares protegidos por la Unesco como patrimonio de la humanidad desde el año 2001. Destaca el altivo pico Eiger, el más oriental de la cadena, con 3.970 metros de altura. Le siguen el Mönch, con 4.099 metros, y el Jungfrau, el más elevado de la zona, con 4.158 metros.

Aunque el Eiger es el más pequeño, es el más famoso entre los montañistas, siempre respetuosos por las dificultades y riesgos que esconde su conquista, en especial la de su cara norte: una pared vertical de hielo de más de 1.500 metros. En la historia del pico reposan los nombres de muchos montañeros que se han dejado la vida en el intento de su ascenso. Así, no sorprende descubrir que Eiger signifique ?ogro? en alemán, un apelativo agresivo frente a las suaves denominaciones de sus vecinos: el Monje (Mönch) y la Joven Doncella (Jungfrau).

Por suerte, para conquistar la cima hoy ya no es necesario ser un intrépido alpinista. Les presento ahora al segundo protagonista. Los menos aventureros no tienen por qué perderse la contemplación de este paisaje, reconocido como una de las más espectaculares regiones de montaña del planeta. La cima del Jungfrau está al alcance de todos gracias a un prodigioso tren de cremallera que reina como otra maravilla, pero esta nacida de la mente y del trabajo del hombre. Y que cobra más valor cuando se descubre que este increíble ferrocarril funciona desde 1912. Casi un siglo, más si tenemos en cuenta que la obra destinada a convertir en realidad el sueño de conquistar el techo del Jungfrau había comenzado 16 años antes, en 1896. La idea inicial del proyecto era que el tren llegase hasta la mismísima cima del pico pero al final la hazaña resultó tarea imposible, con lo que se decidió ubicar la estación término en Jungfraujoch, 610 metros más abajo de la cumbre.

QUÉ VER

¡Pasajeros al tren!

Comienza el viaje. El ferrocarril arranca. Y circula lento y suave por una vía estrecha que corta la alfombra de nieve virgen y hielo. Un camino de hierro que surca cual serpiente por el monte blanco rumbo al cielo hasta conquistar, media hora después, la primera parada: la estación de Kleine Scheidegg, a 2.061 metros.

Es esta localidad, protegida por la sombra de la cara norte del Eiger, el punto de partida de muchas rutas y senderos de alta montaña. Y es también en esta estación donde los viajeros deben cambiar de tren para subirse al definitivo, a uno rojo y amarillo que espera en la vía de atrás y que presume de ser el único tren capaz de llegar hasta el techo de Europa.

Instantes después de dejar atrás Kleine Scheidegg, el pintoresco paisaje nevado desaparece. La oscuridad engulle de pronto a los pasajeros mientras una voz avisa, en varios idiomas, de que en ese mismo instante los vagones están invadiendo las entrañas del Eiger y del Mönch. El tren circula más lento, mucho más lento, por unos raíles casi verticales y por un corredor muy estrecho no recomendado para claustrofóbicos. Y asciende por paredes con desniveles superiores al veinticinco por ciento. Todo transcurre muy despacio. El ritmo pausado está pensado para que los viajeros puedan adaptarse, poco a poco, a la altitud, y evitar así el desagradable mal de altura.

La primera sorpresa asoma tras diez minutos de penumbra, cuando el tren se para en la estación de Eigernordwand (cara norte del Eiger), a 2.865 metros. Aquí, los viajeros pueden apearse para asomarse a los miradores acristalados, y siempre empañados. Y descubrir, si tienen suerte y el día está despejado, la famosa y escarpada pared vertical del Eiger ante sus ojos.

Cinco minutos más de tren y llega la segunda parada: la estación de Eismeer (el mar de hielo). Esta vez, son las vistas sobre el glaciar de Aletsch, la corriente de hielo más larga de los Alpes (más de veintidós kilómetros) las que se graban en la retina.

A estas alturas, el viajero suele estar ya maravillado por lo visto, pero aún queda lo mejor. Cuando los vagones se deciden por fin a salir de las tinieblas y asoman, de repente, las superlativas cimas de la Jungfrau a un lado, y del Eiger al otro. Increíble. Y por fin, el tren llega a su meta. Al techo de Europa. Casi casi al cielo.

LA OFERTA

Descuento para españoles

El precio del billete del tren desde Interlaken Ost hasta el observatorio de la cima Jungfrau parte de 181,80 CHF (113,80 euros). Si se parte desde Grindelwald, el trayecto, ida y vuelta, es de 162 CHF (101 euros).

Sea cual sea el punto de partida, los españoles podemos solicitar un billete especial con un 50 por ciento de descuento para subir a la Jungfrau, oferta disponible hasta finales de mayo como premio por su victoria en la pasada Eurocopa de Fútbol que tuvo Suiza como una de sus sedes.