The Boys of the Lough y Moving Hearts coincidieron en la noche más potente del encuentro
13 jul 2008 . Actualizado a las 02:15 h.«¿Ya termina mañana [por hoy] Ortigueira?», preguntaba ayer incrédulo un festivalero fresco como una lechuga pese a llevar tres días de frenética actividad. Es de recibo aclarar que Ortigueira no termina, pues la villa tiene vida más allá del festival, encuentro que irremediablemente sí llegará hoy a su fin a altas horas de la madrugada.
Con la llegada del fin de semana, Ortigueira está de bote en bote. Más buses, más trenes, más coches, más de todo. Y eso que encontrar un hueco en el pinar de Morouzos, donde hay unas 16.000 tiendas de campaña, es una labor harto complicada.
La organización se atrevió a dar la primera cifra de público, calculando que ayer por la mañana había en la villa unas sesenta mil personas. «Aunque contamos que con las actuaciones de bandas tan míticas como Moving Hearts y The Dubliners haya mucha gente que venga solo a verlos», indicaron.
De hecho, restauradores de la villa confirmaron que al mediodía de hoy, tras el tradicional desfile de bandas, la villa siempre queda atestada de foráneos.
La noche de ayer en Ortigueira tuvo un especial significado para los devotos del festival. La multitud calentó motores con la National Youth Pipe Band y la Odaiko Percussion Group. Los primeros, virtuosos de la gaita, arrancaron los primeros aplausos.
Pasada la medianoche, estaba previsto que pisasen las tablas de la alameda los históricos The Boys of the Lough. De folk saben mucho, y eso, después de cuarenta años de trayectoria, se nota.
A continuación, según lo programado en el cartel, con la madrugada ya muy avanzada, aparecieron ante los festivaleros otros legendarios del folk, los Moving Hearts. Pretendían apelar a la nostalgia de algunos con piezas míticas y demostrar su continua capacidad de reciclaje con temas inéditos.