La Galicia de la era «hippy»

CULTURA

En plena convulsión mundial de una juventud que exigía cambios, los ecos de lo que ocurría en Inglaterra y EE. UU. penetraban en el ambiente universitario gallego

27 jul 2007 . Actualizado a las 23:02 h.

Mientras el mundo giraba a una velocidad de vértigo, España permanecía encasquetada en una dictadura que coartaba todo tipo de libertades. Sin embargo, los ecos revolucionarios penetraban, poco a poco, en el país. En Galicia esa corriente de ideas también tuvo su reflejo, sobre todo en los ambientes universitarios, más pendientes de todo lo que acontecía en el mundo.

«1967 significó claramente el final de una época y el principio de otra», recuerda el parlamentario socialista Tuco Cerviño, que vivió con intensidad aquellos días. «Aunque bueno, a mí me cogió ese año haciendo la mili, así que nada de isla de Wight ni todo eso», comenta riéndose. El mismo carácter premonitorio se lo otorga también el escritor Xabier Alcalá: «No verán de ese ano realmente os que estábamos era preparando o ano seguinte. No curso do 1966-1967 xa houbera moita tensión e moitos incidentes en Madrid. Despois de moito tempo de parálise crearase unha conciencia e había compromiso sobre o que nos ía a vir».

Compañero de Alcalá era el también escritor y músico Vicente Araguas. «Naquel entonces estaba rematando o PREU, o último curso do bacharelato, pero tiña moito interese sobre o que estaba ocorrendo no mundo. Recordo que aquel ano foi a morte do Che Guevara e que iso tivo moito impacto. Para min foi un ano moi aurolar, porque xa formaba parte do colectivo Voces Ceibes». Como integrante del universo musical, Araguas subraya como de vital importancia el recital que ofreció el cantautor valenciano Raimon en Santiago: «Foi ese ano e iso foi semente do que ía vir co da canción galega no futuro inmediato. O certo é que chegounos o seu eco con toda a claridade e foi tremendamente importante».

MÚSICA REBELDE

En 1967 la música se convirtió en un poderoso vehículo de transmisión de ideas y de liberar mensajes de cambio. Pese a la existencia de una censura que impedía cualquier tipo de cultura oficial («Iso era totalmente imposible, naquel entonces toda a cultura que existía saía de pequenos grupos alindados a esquerda», señala Araguas), las ideas y la filosofía inserta en el pop penetraban de una manera masiva. «Escuchábamos a grupos como los Beatles, Animals o los Rolling Stones, del mismo modo veíamos las películas de Godard y Truffau», confirma Cerviño. Araguas, por su parte, dibuja un espectro más amplio: «O que máis predominaba era ese pop británico, pero tamén se difundía a música de fusión como Ten Years After, o folk de Bob Dylan ou os representantes da nova canço catalana».

Todo ese flujo internacional influyó de un modo determinante en la mentalidad de muchos jóvenes gallegos. Xabier Alcalá, que en aquel entonces escribía letras para Andrés do Barro, reconoce la influencia: «Se un escoita esas cancións dáse conta de que imitaba en moitas cousas a Bob Dylan ou a Otis Reeding, porque sabíamos o que dicían, porque tivéramos a sorte en Ferrol de ter ensino en inglés».

Esa consciencia del mensaje de los sonidos que llegaba acrecentaba los deseos de rebelión: «O feito de coñecelos, nos facía sufrir máis pola nosa falta de liberdade ?confiesa Alcalá?. Sobre todo interesábanos a música dos EE.UU., que falaba máis da liberdade que a dos grupos ingleses como os Beatles que, pese a súa carga de rebeldía, eran xeralmente cancións de amor e iso».

VIAJAR PARA RESPIRAR

Con un escenario como el de la Galicia de 1967, una de las metas de los jóvenes pasaba por poder visitar algún país del extranjero. «Eu non tiña aínda pasaporte, porque non fixera a mili ?comenta Alcalá?, pero todos os que podían non o pensaban dúas veces. O que dicían os que ían era que alí podías respirar». ¿Y cómo se hacían esos viajes? Cerviño recuerda uno de los métodos más usuales: «Había muchos estudiantes que recorrían Europa a dedo. No fue mi caso, pero conozco muchos que sí que lo hicieron, por Francia, Alemania o Italia y eso daba muchísima libertad».

Cerviño concluye el retrato del momento con una reflexión final: «Si lo englobamos aquí, en el fondo, era similar al mundo occidental, que no era más que una rebelión de los jóvenes universitarios ante el autoritarismo. Lo que sucede es que ese autoritarismo en nuestros país era mucho más grande y se focalizó todo contra la dictadura. No eran todos. Existía un sentimiento explícito en una minoría, importante pero una minoría».