Dos furgonetas de una firma de rotulación, un camión pequeño aparcado en la puerta del Gasthof que iba siendo cargado de todo tipo de escombros, un contenedor en el suelo que los operarios iban llenando de cables, cristales rotos y trozos de plástico, y un buen número de trabajadores moviéndose por todos lados. Era el ambiente de trabajo, casi frenético, que había poco después de las diez de la mañana de ayer ante el local de la Marina que fue incendiado en la madrugada del pasado lunes. «Estamos evaluando los daños causados por el fuego y, lógicamente, todavía no sabemos a cuánto ascienden», apuntaba el responsable de la empresa encargada de llevar a cabo la reparación, con un teléfono móvil en una mano y un bloc de notas en la otra. Otra joven de la empresa aseguradora anotaba y hacía fotos.
De todos modos, el encargado de la evaluación apuntaba que el interior de la galería no había sufrido daños, «salvo unos cristales que hay rotos», y por ello el fuego no había afectado a las viviendas situadas encima del inmueble. En cuatro de los cinco pisos del edificio había gente en el momento en que se produjo el incendio, al parecer provocado por un hombre ebrio.
Uno de los dueños de la empresa hostelera indicaba poco más tarde que la base de madera de la galería de al lado se había quemado «algo», si bien no llegó a afectar a ninguno de los elementos de catalogados de la misma, confirmando así lo que ya habían adelantado los técnicos de la concejalía de Rehabilitación, cuyo responsable, Mario López Rico, estuvo en el lugar viendo lo ocurrido.
La madera de la galería que está sobre el Gasthof ha sido sustituida hace poco tiempo, según indicaba una de las vecinas del edificio. El arquitecto José Ramón Soraluce comentaba ayer que este material es «una especie de madera muy prensada, que en realidad no es madera sino que está hecha de forma química, y es prácticamente ignífuga».
La primera de las tareas que llevaban a cabo ayer los trabajadores era la de retirar los elementos del amplio toldo que cubría la entrada del establecimiento; toda esta estructura de plástico, hierro y cristal fue cortada y retirada, dejando al descubierto los restos de viejos hierros que sustentaron en su día a alguno de los antiguos carteles del mismo local.
La retirada de todo este material dejó al descubierto las arcadas de piedra de las galerías, en este caso un edificio construido en 1882 según un proyecto de Faustino Domínguez; «esa piedra sí que habrá que limpiarla porque quedó negra», indicaba el responsable de la valoración de los daños, mientras los empleados de la empresa de rotulación retiraban el cartel colocado dentro de las arcadas y lo sustituían por un amplio cartelón azul.
Pintar toda la galería, ennegrecida a causa del humo, es otra de las labores que será necesario llevar a cabo, junto con la sustitución de un par de cristales situados a la altura del primer piso y que el calor hizo estallar. Los actuales cristales de esta galería son un poco mayores que los originales, ya que fueron sustituidos, según recoge en uno de los sus libros sobre las galerías coruñesas del arquitecto Xosé Lois Martínez Suárez.