Muchos asistentes se mostraron molestos por la escasez de flores y caramelos que fueron lanzados
24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Una guerra de serpentinas y confeti tomó el paseo marítimo de Riazor y Orzán con motivo de la tradicional Batalla de Flores. La cita, una de las más multitudinarias en los veranos coruñeses, consiguió en esta ocasión abarrotar el paseo con alrededor de 100.000 personas, según los cálculos de Protección Civil, que disfrutaron con el colorido de las carrozas y la música de las comparsas. Sin embargo, muchos se marcharon molestos por la escasez de flores y caramelos que se lanzaron desde las carrozas.
Un séquito de gigantes y cabezudos, que despertó en ocasiones la simpatía y en otras el llanto de los más pequeños, fue el que abrió paso a las ocho carrozas que participaron en el desfile. Salieron puntuales, a las nueve de la noche, desde el colegio Salesianos. Escoltada por los tambores de los Kilomberos de Monte Alto y las gaitas de la agrupación Donaire, la primera en llenar el cielo coruñés de serpentinas fue una caravana real, En tiempos de Alfonso IX. Una torre de Hércules que mojaba a todos los asistentes a su paso puso la nota divertida de la cabalgata y muchas fueron las alusiones de las comparsas hacia el faro y su campaña por convertirse en patrimonio de la humanidad. Un cartel luminoso que decía «Feliz 800 aniversario» también se encargó de recordar a todos que A Coruña está de aniversario. La cabalgata, que terminó en el pabellón de Riazor sobre las diez y media con una breve sesión de fuegos artificiales, mantuvo cortado el tráfico entre las Esclavas y la Domus durante casi dos horas.