16 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.
Los accidentes laborales tienen edad, nombres y apellidos. Y familias y entornos destrozados. El siniestro en la refinería coruñesa no debe morir en una estadística. Repsol mantuvo ayer un hermetismo casi absoluto sobre sus causas, evitando «aventurar hipótesis». No debería tardar en ofrecer certezas -aunque no consuelen- por el dolor insoportable de dos personas que luchaban anoche contra la muerte, el de sus familias y el de los operarios que, subcontratados o no, trabajan para la petrolera. También por la inquietud de una ciudad que vive sobre un poliducto y a la que ayer le surgieron dudas razonables sobre unas medidas de seguridad que han de extremarse hasta el infinito.