Al rico longueirón

| EUARDO EIROA |

FISTERRA

PASABA POR AQUÍ

05 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL LONGUEIRÓN, de tener un cerebro desarrollado y asumido su inevitable pase por la plancha estaría orgulloso de los suspiros que despierta entre sus incondicionales gastronómicos, sabiéndose centro de atención de muchas mesas. Se supone que se sentiría más sorprendido que otra cosa si se percatase del protagonismo que últimamente tiene en Fisterra, donde se ha convertido no se sabe si en el objeto de deseo de todo el mundo o en el ring de boxeo en el que liquidar diferencias. El bicho, que no pretendía más que agradar al paladar, se enfrenta al dilema de elegir, entre bastantes, al autor de que su extracción por un puñado de mariscadores se convierta en un acto legal. En el fondo, de lo que hay que estar contento es de que el recurso aumente y de que sirva para darle de comer a cuantos más, mejor, en todos los sentidos. Después, que lo firme quien quiera.