El gasto medio de los clientes ha descendido en cámpings, hoteles y casas de turismo rural
31 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Catastrófico», «desastroso», «tirando a mal por no decir a peor», así califican los gerentes de distintos establecimientos hoteleros de la comarca los resultados de este mes. La ocupación media de cámpings, hoteles y casas de turismo rural osciló entre el 25 y el 55% en julio, cuando lo normal era superar, al menos, el 70%. En agosto, el volumen de reservas se mueve entre el 60 y el 80% para la primera quincena, frente a más del 90% registrado, de media, el verano pasado durante este mismo período.
Estas previsiones, de todos modos, solo se pueden aplicar a los más afortunados: «En julio estuvimos casi a cero y en agosto solo tenemos reservado para una boda de gente de aquí», explica Antonio Pérez, gerente de un hotel noiés. Por su parte, Domingo Lema, que dirige un hostal en Outes, asegura que no ha tenido ni un solo cliente durante este mes, y tampoco posee reservas para el que está a punto de iniciarse.
Repuntes
Los fines de semana han sido la salvación de estos negocios, pues durante esos días se produjeron significativos repuntes en la clientela si se preveía buen tiempo, y es que las estancias de dos o tres noches y los turistas de paso han sido la tónica general de la mayoría de los establecimientos consultados, salvo los cámpings, que registran las cifras más altas de ocupación y mantienen a los clientes de larga estancia.
Además, frente al año pasado, cuando las reservas se efectuaban con mucha antelación, en este han predominado las de última hora: «Van buscando ofertas de último minuto», comentó Sila Vázquez, de una casa de turismo rural en Lousame. Los extranjeros y veraneantes de fuera de Galicia eran quienes reservaban a largo plazo, pero incluso ellos han dado sorpresas: «Aquí han llamado desde Madrid para una noche o dos, algo que no había pasado nunca», indicó el rianxeiro Román Castaño.
Con el fin de ahorrar, los forasteros llevan a cabo todo tipo de estrategias: desde el ya bastante extendido regateo, como explica Carmen Ferreira: «La gente intenta negociar rebajas por teléfono», hasta prepararse la comida: «Ya no cenan en el restaurante. Suben bolsas a las habitaciones», dice Daniel Gerbaud.