Veinte naves afean la costa y ponen en riesgo a las personas

M. X. Blanco / J. M. Sande

BARBANZA

Muros encabeza el ránking de industrias inactivas con una decena de inmuebles en estado ruinoso

09 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El suceso ocurrido hace unos días en el municipio pobrense, donde un joven murió al caer del tejado de la vieja factoría de La Onza de Oro, ha reabierto un debate que cada poco tiempo está en boca de los vecinos de la comarca: ¿Por qué se permite que las antiguas fábricas en desuso se vayan deteriorando con el paso de los años? En Barbanza hay una veintena de inmuebles que, además de ser importantes exponentes de feísmo, sobre todo porque están en pleno litoral, entrañan un grave riesgo para los ciudadanos. En muchos casos, se convierten en la guarida idónea de gamberros y personas adictas a las drogas.

Buena parte de estos deteriorados inmuebles fueron en alguna época factorías dedicadas a la salazón de pescados y mariscos que no supieron asumir la llegada de las técnicas conserveras y la posterior modernización del sector. Este fenómeno afectó de forma espectacular al municipio de Muros, que encabeza este negativo ránking. Los restos de una decena de fábricas dejan patente la importancia que tuvieron en el pasado este tipo de industrias.

Entre los edificios situados en el territorio muradano que mayor peligro entrañan se encuentra el de Legarda. Se trata de un conjunto de naves rodeadas por una zona de maleza, donde un camino deja claro que son muchas las personas que acceden al interior del inmueble, parte del cual conserva una cubierta que amenaza con desplomarse. Esta vieja fábrica de salazón, que lleva más de cuarenta años sin actividad, fue ocupada durante un tiempo por el club de remo.

Cierre reciente

También corren el riesgo de acabar mal los visitantes que a menudo reciben las viejas factorías de Anido y Cabanas. Del mismo modo, el paso del tiempo está empezando a dejarse notar en el inmueble de la conservera Leocadia, que el año pasado cerró sus puertas.

Peor situación presentan las viejas naves de Salazones Buenavista, conocidas actualmente como la Casa de los Tres Picos. En este caso, las paredes son la única parte del inmueble que continúa en pie. El impacto visual es importante, pero el riesgo para los ciudadanos es menor, puesto que al carecer de tejado son pocas las personas que se acercan al lugar.

La crisis del sector conservero también tuvo consecuencias nefastas en Carnota. En la localidad de Lira son dos los inmuebles abandonados, el de la firma Leocadia y el de Portocubelo; mientras que en O Pindo se conservan los restos de una antigua fábrica de salazón.

Distinto grado de ruina presentan varios edificios de Ribeira que en la antigüedad fueron centros conserveros. En Bandaorrío apenas se mantienen unas paredes, al igual que ocurre en Corrubedo y en Area Secada. Diferente es la situación en Castiñeiras, donde el estado de la factoría situada al pie de la playa de O Castro empeoró sustancialmente desde el incendio que tuvo lugar a comienzos de año.

La existencia de cubierta y el fácil acceso al interior convierten en muy peligroso este edificio, lo mismo que ocurre con los de Hadasa y La Onza de Oro, en el territorio pobrense.

Tampoco el municipio de Boiro se salva del nefasto ránking. En su caso son dos los inmuebles que llaman la atención por su abandono. Ambos están situados en el puerto de la localidad de Escarabote, uno era una fábrica de terrazo y el otro, una conservera. Son muchos los vecinos que se preguntan a menudo qué sentido tiene mantener en pie estas edificaciones.