Mala pata la que tuvieron ayer los alumnos del Colexio Felipe de Castro de Noia con la cuestión meteorológica. Después de varias jornadas seguidas de sol y chanclas, a los escolares les tocó salida al campo pasada por agua. Pero como la ocasión merecía la pena, al mal tiempo le pusieron buena cara y con la mejor de sus sonrisas se enfrascaron en la divertida tarea de dar carta de libertad a las últimas truchas que quedaban en el estanque que habilitaron en el centro educativo hace tres años, en el marco de un proyecto del programa Voz Natura, que promueve la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre.
Aunque si los críos estaban felices, no es sumamente difícil imaginar la cara de los peces que soltaron, que si tuvieran rostro humano seguro que la sonrisa de payaso del villano antihéroe Joker , de los cómics de Batman , se quedaba corta para reflejar lo a mil por hora que debían estar sus branquias.
Porque aunque en el estanque del colegio vivieran estupendamente, cambiar esa humilde y sobria morada por la amplitud y la variedad de fondos del río de Argalo debe de ser para las truchas algo así como sentirse en la piel del perro Pancho cuando se hizo el longuis y se dio el piro virtual con el botín de la Primitiva de su dueño.
Protagonistas
Testigos de la liberación del medio centenar de peces que daban vida al estanque de la escuela fueron los 42 alumnos de segundo curso de Primaria, a los que acompañaron varios profesores y el director, Francisco Lires.
Dos técnicos del Servizo de Protección da Natureza de la Consellería de Medio Ambiente se ocuparon de trasladar a los ejemplares, de entre 13 y 15 centímetros de longitud, en un depósito especial de agua, desde las instalaciones educativas hasta el río de Argalo.
Una vez situados en el punto final de la hoja de ruta, lo que no sabían es que el cauce les deparaba sorpresas inesperadas a la par que desagradables, como el hallazgo del metálico oxidado de una cama, hecho un amasijo de hierros, que algún desaprensivo arrojó al río, junto con otros residuos de plástico. Todos estos desperdicios fueron retirados por los trabajadores de Medio Ambiente.
Al margen de incidencias de mal gusto como las descritas, lo que cabe destacar es que los estudiantes del Felipe de Castro cuidaron y criaron a unas tres mil truchas autóctonas desde que pusieron en marcha el proyecto, hace ahora tres años.
Procedencia
Medio Ambiente les daba los alevines, que provenían del centro ictiogénico de Sobrado dos Monxes, y cuando iban haciéndose maduritos los soltaban.
Aunque para el curso que viene preparan otro proyecto para el programa Voz Natura, que gira en torno a las energías renovables y se titula A terra ten febre, axúdaa ; están decididos a que el estanque siga lleno de vida.